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martes, 4 de septiembre de 2012

La hija de un pescador, transformada en sirena

En una aldea próxima a Carboeiro vivía, hace muchísimos años, un matrimonio de pescadores que tenía una sola hoja. Una día en que la madre la bañaba a la orilla del mar, como de costumbre, ocu­rrió algo sorprendente: la niña se escurrió de sus manos y, dando un salto, se sumergió en el agua, para aparecer momentos después sobre la superfi­cie, transformada de una manera prodigiosa. La madre, que se había quedado horrorizada al ver desaparecer a su hija debajo del agua, sintió una alegría tan grande al recuperarla, que apenas advir­tió el cambio: la niña estaba mucho más hermosa y su rostro se animaba con una extraña alegría.
Aunque la pescadora olvidó pronto este inci­dente, dio mucho que murmurar a las vecinas. Se decía que el destino de aquella niña era convertirse en sirena. Y he aquí que la predicción se cumplió.
Con el tiempo, llegó a ser la más hermosa donce­lla de la comarca. En cierta ocasión, conoció a un joven, sobrino del oidor de Athouguía, que logró enamorarla y seducirla. Su deshonra le produjo tal humillación y tal vergüenza, que poco tiempo des­pués moría, aniquilada por el dolor. Y la bella hija de los humildes pescadores fue enterrada en el atrio de la iglesia de la Victoria, próxima a Carboeiro.
Cuenta la tradición que, cuando algún tiempo después el joven seductor caminaba alegremente hacia su casa, de vuelta de una fiesta popular, oyó una voz que cantaba una canción fúnebre.
A la orilla del mar, sentada a la entrada de una cueva, divisó a la que cantaba: era una mujer her­mosísima, que guardaba un parecido extraordinario con su amante muerta.
Sorprendido por tal aparición, se acercó silenciosa­mente; pero, antes de llegar a contemplarla más de cerca, ella advirtió su presencia, y se sumergió en el agua.
A la noche siguiente, el joven volvió al mismo lugar, y encontró a la misma misteriosa criatura. Esta vez, ella esperó a que se acercase y, cuando es­tuvo a su lado, le abrazó fuertemente, pronunciando estas palabras:
-Llegó la hora de la venganza.
Al mismo tiempo, se desencadenaba una terrible tempestad, y el mar embravecido arrastró a los dos seres, estrechamente enlazados.
Días después, apareció el cuerpo del seductor junto a una duna de arena, donde el mar lo había depositado. Nadie volvió a ver a la misteriosa mujer; pero todavía, en las noches de luna llena, cuando el mar está en calma, se oye una voz que canta cancio­nes amorosas y sentimentales, que hacen llorar a cuantos las escuchan. Es la hermosa seducida, que se ha transformado en sirena y que canta en la cueva desde donde el mar se llevó el cuerpo de su amante.

096. anonimo (portugal)

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