En el pueblecito de Tossa vivían unos graciosos que se
divertían a costa de sus vecinos. Una vez invitaron a comer empanada de conejo
a su vecino Dolcibene, a quien no le gustaban los gatos. Pero resultó que la
empanada era en realidad de carne de gato y así se lo hicieron notar los
gamberros poniéndose a maullar.
Muy enfadado con la broma, Dolcibene se fue sin
rechistar, pero ideó un plan.
Compró trampas para cazar ratones y esperó hasta la época
de cría de las palomas. Llegado el momento, cazó varios pichones y mandó a un
sirviente suyo que se los mostrase a la pandilla malvada.
Al ver al criado le preguntaron que para qué eran
tales animales, a lo que éste respondió que su amo era un excelente cocinero y hacía
un estofado de pichones sin igual.
Los gamberros del pueblo no tardaron en presentarse
ante Dolcibene procurando que éste les invitase a comer. ¡Ya habían caído en la
trampa! Efectivamente, el caballero les invitó y prometió prepararles un plato
que no podrían comparar con ninguno que hubieran probado antes. ¡Y es que pensaba
hacerlo de carne de rata y no de paloma!
Pero ése era su secreto.
El hecho fue que los gamberros se lo comieron todo y
sólo al dar el último bocado Dolcibene les confesó cuál era el ingrediente principal
del guiso.
Al escucharlo, los tramposos sintieron que se les
revolvían las tripas y, temblorosos, se atrevieron a preguntar por qué les
había hecho eso. Dolcibene les contestó:
A ver si por fin aprendéis alguna lección.
Si queréis vivir en paz en este mundo, no debéis hacer
a los demás lo que no queráis que los demás oshagan a vosotros.
0.999.3 anonimo leyendas,
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