En Normandía se cuenta la historia de un pobre hidalgo
que apenas tenía dinero para comer. Una mañana, cuando en su despensa no
quedaba más que pan reseco, decidió mojarlo en un poco de vino, así que se dirigió
a la taberna. Pidió una copa de vino y el tabernero, bruto y maleducado, casi derramó
la mitad de la copa al servírselo. En vez de disculparse, le dijo al hidalgo:
¡El vino vertido trae alegría y riqueza!
El hidalgo, en vez de protestar, pensó en ajustarle
las cuentas... y le pidió, tramando un curioso plan, que le sirviese también un
buen trozo de su mejor queso.
El tabernero se fue de mala gana al piso de arriba,
donde guardaba el queso. Mientras, el hidalgo se apresuró a abrir el grifo del
tonel del vino. ¡Se formó un buen charco! Cuando bajó el tabernero con el queso
y vio lo sucedido, intentó pegar al hidalgo, pero éste se defendió consiguiendo
estrellar al tabernero contra el barril del vino, que se rompió con el golpe,
derramándose todo el líquido que aún quedaba dentro.
Al oír el jaleo, llegaron los soldados, que se llevaron
al hidalgo y al tabernero ante el rey.
-Señor, este hombre, cuando vertio el vino de mi copa,
aseguró que eso significaba alegría y riqueza, así que quise que él disfrutara
de lo mismo y abrí el grifo del tonel para demostrarle mi gratitud, pero veo que
no entendió mi buena intención.
Tras oír la explicación, el rey rompió en carcajadas y,
natural-mente, dejó marchar al hidalgo sin castigo alguno.
0.999.3 anonimo leyendas,
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