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martes, 27 de agosto de 2013

Godardo, el traidor

El rey de Dinamarca se hallaba enfermo y temía por el futuro de su hijo si él moría, así que llamó al conde Godardo, al que creía noble y fiel, para rogarle que lo cuidase y lo educase como si fuera su hijo. Godardo, que en realidad era un traidor, prometió a su rey que lo haría y fingió llorarle cuando éste murió, pero al acabar los funerales del monarca, buscó a un pescador y, pagándole con una bolsa de monedas, le entregó al joven príncipe para que lo arrojase al mar.
El pescador, que no sabía quién era el joven, aceptó y alojó esa noche al muchacho. Dijo a su esposa que por la mañana saldría pronto y se acostó, pero la mujer, advirtiendo que de la boca del chico salía una luz prodigiosa, despertó a su marido para que lo viera.
Sorprendidos, desnudaron al niño y vieron que tenía «la señal real» y era, por tanto, el príncipe. Ambos se postraron y le rogaron perdón, aunque suponían que no escaparían de la ira de Godardo, así que decidieron huir de aquellas tierras.
Por la mañana, el pescador, con su familia y el pequeño príncipe, partió en la barca rumbo a Inglaterra. Y llegaron a Grimsby, donde contruyeron una choza y se quedaron a vivir.
Havelok, el joven príncipe, se colocó en el palacio del caballero Godrich, que tenía a su cargo la educación de la hija del difunto rey de Inglaterra. Pero, como Godardo, también era ambicioso y deseaba desembarazarse de ella para ocupar el trono.
Mientras tanto, en las cocinas del palacio, Havelok se ganaba el aprecio de todos.
Pasó el tiempo e iban a celebrarse unos juegos populares, en los que podían tomar parte todos, sin distinción de rango.
Havelok, que ya era un apuesto joven, quiso participar. Se trataba de un concurso de lanzamiento de piedras. Casi todos los hombres que se presentaron eran grandes y fuertes, robustos y musculosos, y ya habían participado antes en juegos parecidos. Pensaban que Havelok no era un buen rival, porque aun no parecía fuerte ni vigoroso.
De hecho, la mayoría se burlaba de aquel audaz muchacho, pero ante el asombro de todos, fue el joven danés el que lanzó las piedras más pesadas y a mayor distancia.
El asunto se comentó en toda la región de la que Godrich era caballero, y éste no pudo sino preguntarse quién era aquel apuesto y resuelto jovenzuelo. Pronto le contestaron que se trataba de un pinche de sus cocinas y Godrich ideó un plan para deshacerse de la princesa.
Mandó llamar al joven danés y, como teórica recompensa por su triunfo en el concurso, le ofreció a la muchacha en matrimonio.
Pensaba que así ella nunca podría gobernar, pues se habría desposado con un sirviente.
Pero durante la noche de bodas, la princesa descubrió el halo de luz de su joven marido y enseguida vio en su hombro la «señal real». Supo de inmediato que su esposo sería rey, aunque habría que esperar a que llegara el momento propicio.
Cuando los jóvenes supieron que el pescador había muerto decidieron regresar a Dinamarca con la viuda y sus hijos. Al desembarcar, el joven mandó a un chico a entregar al poderoso conde Ubbe el siguiente mensaje: «Havelok, hijo del rey, ha regresado para liberar al reino de la tiranía de Godardo». En cuanto éste lo recibió, y puesto que era fiel a la memoria del rey, preparó su ejercito para luchar junto con el príncipe contra el usurpador. El valiente joven se unió al ejército del buen Ubbe.
Se dirigieron al palacio de Godardo y, tras un reñido combate, le vencieron. Al poco tiempo, Havelok fue coronado rey. Pero el joven monarca también quería hacer justicia con su esposa, así que se preparó y, al frente de una armada poderosa, desembarcó en Inglaterra, donde libró una batalla contra las tropas de Godrich, que fue hecho prisionero.
Y así, como marido de la princesa, Havelok se convirtió también en rey de Inglaterra y, junto a su mujer, gobernó con justicia.

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Fray ignacio

Fray Ignacio era un religioso que tenía por misión salir del convento a pedir limosna. Evitaba pasar por la casa de don Franchino porque era un avaro.
Cierto día, don Franchino se quejó al padre prior del convento de que fray Ignacio no pasaba por su casa y eso le dejaba en mal lugar ante los vecinos, así que el prior obligó a fray Ignacio a no eludir la casa de don Franchino nunca más.
El fraile era tan obediente como respetuoso y a la mañana siguiente se dirigió a la casa que siempre evitaba. Fray Ignacio salió de aquella hacienda con las alforjas llenas.
Pero al llegar al convento sus hermanos vieron con espanto que los sacos estaban mojados de sangre.
No es de extrañar que de las alforjas mane la sangre, pues la limosna de Franchino es fruto de la sangre que exprime de los corazones de los pobres.
Desde entonces, todos estuvieron de acuerdo en que ningún religioso llamaría a la puerta de Franchino.

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Empanada de gato

En el pueblecito de Tossa vivían unos graciosos que se divertían a costa de sus vecinos. Una vez invitaron a comer empanada de conejo a su vecino Dolcibene, a quien no le gustaban los gatos. Pero resultó que la empanada era en realidad de carne de gato y así se lo hicieron notar los gamberros poniéndose a maullar.
Muy enfadado con la broma, Dolcibene se fue sin rechistar, pero ideó un plan.
Compró trampas para cazar ratones y esperó hasta la época de cría de las palomas. Llegado el momento, cazó varios pichones y mandó a un sirviente suyo que se los mostrase a la pandilla malvada.
Al ver al criado le preguntaron que para qué eran tales animales, a lo que éste respondió que su amo era un excelente cocinero y hacía un estofado de pichones sin igual.
Los gamberros del pueblo no tardaron en presentarse ante Dolcibene procurando que éste les invitase a comer. ¡Ya habían caído en la trampa! Efectivamente, el caballero les invitó y prometió prepararles un plato que no podrían comparar con ninguno que hubieran probado antes. ¡Y es que pensaba hacerlo de carne de rata y no de paloma!
Pero ése era su secreto.
El hecho fue que los gamberros se lo comieron todo y sólo al dar el último bocado Dolcibene les confesó cuál era el ingrediente principal del guiso.
Al escucharlo, los tramposos sintieron que se les revolvían las tripas y, temblorosos, se atrevieron a preguntar por qué les había hecho eso. Dolcibene les contestó:
A ver si por fin aprendéis alguna lección.
Si queréis vivir en paz en este mundo, no debéis hacer a los demás lo que no queráis que los demás oshagan a vosotros.

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El vino derramado

En Normandía se cuenta la historia de un pobre hidalgo que apenas tenía dinero para comer. Una mañana, cuando en su despensa no quedaba más que pan reseco, decidió mojarlo en un poco de vino, así que se dirigió a la taberna. Pidió una copa de vino y el tabernero, bruto y maleducado, casi derramó la mitad de la copa al servírselo. En vez de disculparse, le dijo al hidalgo:
¡El vino vertido trae alegría y riqueza!
El hidalgo, en vez de protestar, pensó en ajustarle las cuentas... y le pidió, tramando un curioso plan, que le sirviese también un buen trozo de su mejor queso.
El tabernero se fue de mala gana al piso de arriba, donde guardaba el queso. Mientras, el hidalgo se apresuró a abrir el grifo del tonel del vino. ¡Se formó un buen charco! Cuando bajó el tabernero con el queso y vio lo sucedido, intentó pegar al hidalgo, pero éste se defendió consiguiendo estrellar al tabernero contra el barril del vino, que se rompió con el golpe, derramándose todo el líquido que aún quedaba dentro.
Al oír el jaleo, llegaron los soldados, que se llevaron al hidalgo y al tabernero ante el rey.
-Señor, este hombre, cuando vertio el vino de mi copa, aseguró que eso significaba alegría y riqueza, así que quise que él disfrutara de lo mismo y abrí el grifo del tonel para demostrarle mi gratitud, pero veo que no entendió mi buena intención.
Tras oír la explicación, el rey rompió en carcajadas y, natural-mente, dejó marchar al hidalgo sin castigo alguno.

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El viejo y salomón

Cierta tarde, un anciano descansaba a la sombra de un tilo después de pasar la jornada trabajando duramente en la tierra, sembrando y labrando. Sin aviso alguno se presentó ante él el espíritu del gran rey Salomón que le preguntó qué hacía allí sentado. El viejo le contestó que estaba siguiendo sus consejos, pues de él tomó la lección de ser trabajador como la hormiga y no holgazán como la cigarra.
-Pues aprendiste la lección a medias -repuso el buen Salomón esbozando una sonrisa, porque si vuelves a estudiar la fábula con detenimiento, compren-derás que, en el invierno ya de tus años, deberías descansar y gozar de lo que recogiste y ganaste con el esfuerzo de tu sudor a lo largo de tu juventud y madurez.
El viejo comprendió en seguida: para él había llegado el momento de esperar descansado, disfrutando con sosiego sus últimos días.

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El ultimo rey godo

Corría el año 710 en una España dividida, cuando el rey don Rodrigo, que había echado del trono a sus enemigos, tuvo un extraño sueño. Vio cómo su reino era invadido: las capas blancas de los jinetes parecían alas y todos tenían el rostro sombrío del demonio. Aquel ejército arrollaba en el sueño al de don Rodrigo y a él lo hería de muerte. No hubo adivino que interpretase, para tranquilidad del rey, el significado de aquel mal sueño.
Tiempo después, don Rodrigo tuvo que reunir un ejercito para combatir contra los musulmanes. A sus filas se sumaron algunos hombres traicioneros que fingieron lealtad. Así, cuando empezó la batalla y don Rodrigo dio la señal de ataque, un puñado de jinetes cambiaron de bando y, ayudando a los árabes, hicieron que éstos venciesen. Don Rodrigo recordó su sueño y comprendió que el destino había querido advertirle: fue derribado de su caballo y quedó malherido. Así permaneció sin que nadie se percatara de que respiraba, pues sus hombres se habían dispersado.
Después de aquella victoria, los árabes avanzaron hacia el norte de la Península, convencidos de que pronto serían los dueños de España. Habían pagado traición con traición y ninguno de los señores cristianos que habían abandonado a don Rodrigo vivía ya para contarlo: al fin y al cabo, también los árabes valoraban la fidelidad.
Pero, ¿qué había sido de don Rodrigo, protagonista de la batalla de Guada-lete?
Durante muchos años, trovadores y poetas cantaron por todas las comarcas que don Rodrigo había perdido la vida en aquella batalla, y sin embargo...
Sin embargo cuenta la leyenda que aún pudo el rey levantarse y caminar hasta que lo recogieron unos labradores que le brindaron cama y descanso. Más tarde ingresó en un convento donde los monjes le aceptaron como uno mas.
-Fui rey de España -parece ser que dijo en adelante sólo seré un fiel orador que pedirá al Señor por su país.

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El trueno y el relampago

El mundo estaba recién creado cuando se presentó el ángel del mal reclamando el imperio de mundo. El Señor sonrió tranquilo y le ofreció gobernar sobre aquella parte de la Tierra que se viese negra. El diablo se retiró a los infiernos pensando qué haría para cubrir toda la Tierra de negro. Pero a la mañana siguiente descubrió que todo estaba blanco.
¡El buen Dios había hecho que nevara!
Renegando, amenazó al Creador:
-Esta vez he perdido, pero me vengaré en la gente que pueble tu mundo: haré que se oigan truenos y su miedo será tal que ni siquiera en ti podrán confiar.
A cambio, el Señor contestó:
-Y yo crearé el relámpago, que será una luz que advertirá a la gente de tus truenos y así nada temerán hasta que te canses y amaine la tormenta.

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