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miércoles, 15 de agosto de 2012

La calandria o quereminca

La Quereminca era una bella imilla cuyos encantos enamoraban a los jóvenes. Élla encendía el fuego  (miná) de la pasión en éllos, para luego desdeñarlos.
Desesperados, algunos de éllos se suicidaron.
Pero un joven llamado Sumajkaig se sintió capaz de hacerse amar (wiñapaig) y así pareció en principio, pero pronto quereminca se cansó y comenzó a mirar a otros. Su enamorado, triste y desesperado, lloró su pena, la que se convirtió en odio y sed de venganza.
Invocó a Illaepa y a todas las fuerzas ocultas para vengar su amor. Y el castigo se hizo realidad:
Quereminca fue convertida en ave, tan canora como bella había sido y con un poder de imitación especial, pues imitan las queremincas el canto de todos los pájaros y todos los rumores de la selva.
Cuentan los amautas que hay un yahuar Kucha en el fondo de un precipicio, cerca de una montaña. El lago es color rojo como la pasión que la imilla despertaba en los hombres. El viento llevaba hasta Quemirinca las voces de los suicidas que reclamaban su presencia pero a cada queja de amor élla responde: Hutam, hutam, istita.

015. anonimo (argentina)

La azucena del bosque

Hace muchos, muchos años, había una región de la tierra donde el hombre aún no había llegado. Cierta vez pasó por allí I-Yará (dueño de las aguas) uno de los principales ayudantes de Tupá (dios bueno). Se sorprendió mucho al ver despoblado un lugar tan hermoso, y decidió llevar a Tupá un trozo de tierra de ese lugar. Con ella, amasándola y dándole forma humana, el dios bueno creó dos hombres destinados a poblar la región.
Como uno fuera blanco, lo llamó Morotí, y al otro Pitá, pues era de color rojizo.
Estos hombres necesitaban esposas para formar sus familias, y Tupá encargó a I-Yará que amasase dos mujeres.
Así lo hizo el Dueño de las aguas y al poco tiempo, felices y contentas, vivían las dos parejas en el bosque, gozando de las bellezas del lugar, alimentándose de raíces y de frutas y dando hijos que aumentaban la población de ese sitio, amándose todos y ayudándose unos a otros.
En esta forma hubieran continuado siempre, si un hecho casual no hubiese cambiado su modo de vivir.
Un día que se encontraba Pitá cortando frutos de tacú (algarrobo) apareció junto a una roca un animal que parecía querer atacarlo. Para defenderse, Pitá tomó una gran piedra y se la arrojó con fuerza, pero en lugar de alcanzarlo, la piedra dio contra la roca, y al chocar saltaron algunas chispas.
Este era un fenómeno desconocido hasta entonces y Pitá, al notar el hermoso efecto producido por el choque de las dos piedras volvió a repetir una y muchas veces la operación, hasta convencerse de que siempre se producían las mismas vistosas luces. En esta forma descubrió el fuego.
Cierta vez, Moroti para defenderse, tuvo que dar muerte a un pecarí (cerdo salvaje - jabalí) y como no acostumbraban comer carne, no supo qué hacer con él.
Al ver que Pitá había encendido un hermoso fuego, se le ocurrió arrojar en él al animal muerto. Al rato se desprendió de la carne un olor que a Morotí le pareció apetitoso, y la probó. No se había equivocado: el gusto era tan agradable como el olor. La dio a probar a Pitá, a las mujeres de ambos, y a todos les resultó muy sabrosa.
Desde ese día desdeñaron las raíces y las frutas a las qué habían sido tan afectos hasta entonces, y se dedicaron a cazar animales para comer.
La fuerza y la destreza de algunos de ellos, los obligaron a aguzar su inteligencia y se ingeniaron en la construcción de armas que les sirvieron para vencer a esos animales y para defenderse de los ataques de los otros. En esa forma inventaron el arco, la flecha y la lanza. Entre las dos familias nació una rivalidad que nadie hubiera creído posible hasta entonces: la cantidad de animales cazados, la mayor destreza demostrada en el manejo de las armas, la mejor puntería... todo fue motivo de envidia y discusión entre los hermanos.
Tan grande fue el rencor, tanto el odio que llegaron a sentir unos contra otros, que decidieron separarse, y Morotí, con su familia, se alejó del hermoso lugar donde vivieran unidos los hermanos, hasta que la codicia, mala consejera, se encargó de separarlos. Y eligió para vivir el otro extremo del bosque, donde ni siquiera llegaran noticias de Pitá y de su familia.
Tupá decidió entonces castigarlos. El los había creado hermanos para que, como tales, vivieran amándose y gozando de tranquilidad y bienestar; pero ellos no habían sabido corresponder a favor tan grande y debían sufrir las consecuencias.
El castigo serviría de ejemplo para todos los que en adelante olvidaran que Tupá los había puesto en el mundo para vivir en paz y para amarse los unos a los otros.
El día siguiente al de la separación amaneció tormentoso. Nubes negras se recortaban entre los árboles y el trueno hacía estremecer de rato en rato con su sordo rezongo. Los relámpagos cruzaban el cielo como víboras de fuego. Llovió copiosamente durante varios días. Todos vieron en esto un mal presagio.
Después de tres días vividos en continuo espanto, la tormenta pasó.
Cuando hubo aclarado, vieron bajar de un tacú (algarrobo) del bosque, un enano de enorme cabeza y larga barba blanca.
Era I-Yará que había tomado esa forma para cumplir un mandato de Tupá.
Llamó a todas las tribus de las cercanías y las reunió en un claro del bosque. Allí les habló de esta manera:
Tupá, nuestro creador y amo, me envía. La cólera se ha apoderado de él al conocer la ingratitud de vosotros, hombres. Él los creó hermanos para que la paz y el amor guiaran vuestras vidas... pero la codicia pudo más que vuestros buenos sentimientos y os dejasteis llevar por la intriga y la envidia. Tupá me manda para que hagáis la paz entre vosotros: iPitá! iMoroti! ¡Abrazaos, Tupá lo manda!
Arrepentidos y avergonzados, los dos hermanos se confundieron en un abrazo, y los que presenciaban la escena vieron que, poco a poco, iban perdiendo sus formas humanas y cada vez más unidos, se convertían en un tallo que crecía y crecía ...
Este tallo se convirtió en una planta que dio hermosas azucenas moradas. A medida que el tiempo transcurría, las flores iban perdiendo su color, aclarándose hasta llegar a ser blancas por completo. Eran Pitá (rojo) y Morotí (blanco) que, convertidos en flores, simbolizaban la unión y la paz entre los hermanos.
Ese arbusto, creado por Tupá para recordar a los hombres que deben vivir unidos por el amor fraternal, es la "AZUCENA DEL BOSQUE".

Recopiladoras de "Petaquita de Leyendas" , Ed. Peuser.
Azucena Carranza y Leonor Lorda Perellón.

015. anonimo (argentina)

El yassí-yateré

La selva está silenciosa, soportando la pesadez del calor. Se oyen solamente los silbidos de algún pájaro o el canto de la chicharra, que es incansable, cuando inicia su concierto.
De pronto crujen las hojas secas. Corren alarmadas las lagartijas, a buscar mejor resguardo. Los pasos se acercan. Y una figura humana se dibuja perfectamente. Su ancho sombrero de paja dificulta ver su cara. Pero en los claros donde se filtra el sol, brilla su bastón de oro. Es de poca talla. Se diría que es un enano.
Se esconde detrás de los árboles. No desea que lo vean. ¿Por qué su cautela?
Porque quiere llegar de sorpresa. Busca niños, de entre ésos que no duermen la siesta.
Si alguno ha penetrado en la espesura en un descuido de sus mayores, lo toma desprevenido, lo sujeta en sus brazos y lo lleva hasta la parte más sombría, donde las lianas y tacuarembós forman tupida techumbre.
Los más prudentes, los que están en sus casas, oyen el silbido, que parte desde la selva, desde lejos, y saben que está festejando su buena suerte.
Otros dicen que el silbido proviene de un pajarillo que nadie ha descubierto, pues anida en lo más espeso del intrincado monte.
Pero todos, al oírlo, se recatan.

015. anonimo (argentina-este argentino)

El ucumar

Es un ser con apariencia de hombre petiso y panzón. 
Tiene el cuerpo todo cubierto de pelos con manos y pies muy grandes. Se dice que posee una fuerza extraordinaria y que sus gruñidos ensordecen. Se lo ha visto en la zona de pedemonte, por lo que se piensa que vive en cuevas de las montañas.
En Salta, se intentó ubicar a los ucumari conocidos como los únicos osos de Sudamérica, que habitaron, según se cree, hace miles de años. Tenían un collar blanco y todas las características de los úrsidos europeos o de Norte-américa. También se cree que el oso de anteojos, difundido en parte de América del Sur pudo haber sido el inspirador de este particular ser mitológico.
                         
El Dr. Manuel Lizondo Borda, en su Estudio de las, Voces Tucumanas, (Derivadas del Quichua), explica así este vocablo: "Llamábase así a un hombre casi bestial, feo, peludo, que vivía en los montes tucumanos, hace varios anos, y que ocupó mucho la atención pública hasta que fue preso por las autoridades: Se le atribuían raptos de muchachas. (Con este nombre se asustaba a los chicos, para quienes significaba algo así como el monstruo)".
                         
Ucumar: es voz quichua y aymara y significa en ambos idiomas: Oso.

015. anonimo (argentina)


                           



El toro de las astas de oro

Cuentan que en Catamarca, en un paraje llamado El Codo, vivía una familia de hacendados integrada por un matrimonio y su único hijo. El joven era adicto al juego y despilfarraba el dinero de sus padres en apuestas.
Una noche, mientras volvía del pueblo, se encontró en el camino con un enorme toro color castaño y astas brillantes que, a la luz de la Luna, parecían ser de oro. El muchacho quiso enlazar al animal pero este lo embistió. Así, desmayado, tirado en el camino, lo encontraron a la mañana siguiente.
Al reincorporarse, el joven narró lo sucedido, pero no le creyeron. Encima, le reprocharon su actitud, acusándolo de que su desmayo no había sido real sino una consecuencia de la borrachera.
El muchacho, desde entonces, salió durante varias noches provisto de un lazo para pialar y boleadoras con el propósito de capturar al animal. Su empresa tenía dos propósitos: primero, demostrar la veracidad de su historia y recuperar el respeto de los peones de la estancia, que desde aquel momento no paraban de burlarse de él; segundo, incorporar el toro de astas de oro a la hacienda de sus padres, porque con un semental de esas características aumentaría considerablemente el valor de las próximas crías.
Pese a sus buenas intenciones, el muchacho fracasó porque el toro jamás volvió a aparecer, y según cuentan, la hacienda fue perdiéndose poco a poco hasta que la familia quedó en la pobreza.
Se cuenta que los campos de pastoreo de Tucumán se fueron poblando con los animales de esta familia y que las primeras cabezas han sido conducidas hasta allí por el toro de las astas de oro, como castigo a este joven disoluto.
                          
015. anonimo (argentina-catamarca)

El protector de los mineros

Es el Ukaco, señor de las tinieblas y dueño de los socavones en todas las minas de la Puna y la Quebrada de Humahuaca. Quien se atreva a horadar la montaña en busca de una veta, deberá hacer, previamente, una ceremonia de pedido en la que rinda homenaje al Ukaco.
El dia en que se descubre el material buscado se prepara la ceremonia de agradecimiento. Ésta se realiza siempre en viernes, y se busca el lugar mas tenebroso de la mina para armar el altar, donde se instala la gran imagen del Ukaco: ojos de fuego, dientes afilados, largos cuernos y orejas ponti-agudas.
En una mano, el mineral hallado; en la otra, un demoníaco tridente.
Las ofrendas son hojas de coca, tabaco, alcohol, sahumerios... porque hay que evitar que el Ukaco se enoje, que produzca algún derrumbe -siempre tan temido- o haga perder la veta.
Y se lo venera, además, el Martes de Carnaval, cuando se adorna la bocamina con serpentinas y flores de papel y el capataz deposita en su altar cántaros de chicha, manojos de coca y siete corderos sacrificadospor siete mineros, elegidos entre los más antiguos.
Esa sangre se recoge en vasijas de las que todos beben, y con el resto se riega el suelo.
Las mujeres y los chicos -¡que no entren en la mina!- esperan afuera la terminación de la ceremonia.

015. anonimo (argentina)


El ñándútatá

La palabra ñandútatá proviene del guaraní, y significa "avestruz de fuego". Este animal, rodeado de llamas, corre a una velocidad mucho mayor a la de un avestruz común.  Esto lo ayuda a perderse de vista rápidamente después de perpetrar algún ataque. Dicen que siempre se lo ve desde lejos y que si uno intenta acercarse corre peligro de muerte.  De hecho, afirman que quien lo ve de cerca muere irremediablemente a las veinticuatro horas. Se trata de un fantasma maligno, y una manera de protegerse de él es pedirle consejos a un sacerdote.

015. anonimo (argentina-corrientes)