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sábado, 25 de agosto de 2012

Las leyendas de «en fonoll»

La montaña de Alaró, con las ruinas de su castillo roquero y el pequeño oratorio de la Virgen del Refugio en su cima, se separa del vecino Puig de l'Alcadena por una profunda escotadura, formando una figura paisajística que acompaña durante un buen trecho al viajero que se desplaza desde Palma hacia el centro de la Isla, por la carretera de Inca.
Pese a estar tan cerca una de otra, la montaña de l'Alcadena aparece solamente en la leyenda como soporte de los hilos de seda con que las brujas unían las dos cimas organizando, las noches de cada sábado, unos infernales aquelarres, suspendidas sobre el barranco y recortando su huesudas siluetas en el fondo blanco de la luna, sin caerse jamás de sus sedosos trapecios.
Son las piedras viejas del castillo y la presencia de la humilde capilla, las que inspiraron la leyenda que protagonizó en su día Fonoll, el jefe moro del alcazar según unos o un alaroner amigo de arriesgadas y peligrosas apuestas, según otros.
No era posible resistir por más tiempo el hambre y el frío que el implacable sitio de los cristianos ocasionaba en la desmoralizada guarnición del castillo. Ya toda Mallorca se había rendido a las armas del Conquistador y Fonoll y los suyos empezaron a considerar seriamente la idea de la huída. El problema estaba en cómo hacerlo porque no había más que dos salidas: el barranco o la puerta, donde esperaban las afiladas lanzas de los sitiadores que, a lo que parecía, no iban a mostrarse demasiado complacientes con los obstinados moros.
Fonoll optó por el barranco, ideando un curioso sistema para amortiguar el imponente batacazo que le esperaba. Mandó a todos sus hombres que metieran las cabezas en unas grandes tinajas de barro y, haciendo él lo propio, ordenó a uno de ellos que se lanzara al vacío encargándole que, al llegar al fondo, comunicara a voces a los de arriba el resultado del experi-mento. Como es lógico, tinaja y moro se hicieron pedazos contra el suelo y quien respondió a los gritos de Fonoll fue un pastorcillo que se encontraba por aquél lugar y que, haciéndose pasar por el malogrado árabe, animó a los restantes a emprender el original descenso.
Uno a uno, con Fonoll a la cabeza, fueron estrellándose los moros ante los divertidos ojos del pastor que resultó ser, de esta manera, el auténtico ganador del castillo.
En términos más o menos parecidos cuentan esta leyenda las gentes de Felanitx. Fonoll de Alaró es también Fonoll en el castillo de Santueri, sólo que aquí la historia toma tinte más folklórico y ameno pues los sitiadores) en vez de cansarse lanzando ataques contra la fortaleza, organizaron a su pie nada menos que unos bailes de boleros, distracción favorita de los moros (¿...? ) que los seguían embelesados desde lo alto de las almenas. Entre tanto, los astutos sitiadores se colaron en el castillo sorpendiendo a sus enemigos que, como mal menor, optaron por probar fortuna con el descenso en tinaja por el profundo barranco. Es una explicación convincente del hecho, aseguran, la cantidad de restos de cerámica troceada que han ido apareiendo al pié de la rocosa pared de Santueri.
Otro Fonoll, muy distinto del ingenioso cabecilla moro, era aquel alaroner que, según la leyenda, cruzó una fuerte apuesta con un amigo sobre quién de los dos aguantaría más tiempo en una acrobática postura, al borde mismo del barranco. Aguantó largo rato el amigo hasta, que, cansado al fin, cedió la plaza Fonoll que, al cabo de un tiempo y por lo que se iba viendo, llevaba trazas de ser el ganador de la porfía. Fastidiado el otro al ver que perdía sin remedio, propinó un empujón a Fonoll lanzándole a una muerte segura en el fondo del precipicio.
Así cuentan que sucedió y así lo perpetúa aún la coplilla popular, dirigida a la Virgen del Refugio, como pidiéndole explicaciones de por qué no le echó una mano al pobre Fonoll cuando fue tan injusta-mente despeñado:

Mare de Déu d'es Refugi:
Ell no el sabúzu emparar
a En Fonoll quand va caure
p'es penyal de s'Orengar?

Allí mismo, el lugar conocido como es salt d'en Fonoll, parece ser un testimonio secular de alguna de estas historias.

Fuentes:
Luis Ripoll: Primeras letras mallorquinas.
Pedro Xamena Fiol, Pbro.

092. anonimo ( balear-mallorca-alaró)

La leyenda de la cueva de sa ma peluda

Todo empezó el día en que un pastor, buscando guarecerse del chaparrón que estaba cayendo, se metió en una cueva, allá por los pinares que desde Es Caló suben hacia La Mola. Era de noche, casi, y, tanteando por el interior del agujero, el muchacho recogió ramas y hojarasca con las que prendió una fogata para calentarse.
Allí dentro, al menos, no se mojaba uno. El viento helado no le alcanzaba y el fuego, poco a poco, iba secando sus ropas empapadas. Todo su bienestar cambió, sin embargo, cuando se dio la vuelta para secarse la espalda. El pastor se puso en pie de un brinco, mirando hacia dentro con los ojos desorbitados. A la oscilante claridad del fuego, una gigantesca mano, peluda y sucia de manchas de sangre reseca, parecía querer atraparle, avanzando desde el fondo de la cueva.
Olvidándose del frío, del viento y del aguacero, el mozo salió corriendo monte abajo, y no paró hasta llegar a su casa, donde, recuperada el habla, contó su particular visión del suceso.
Desde entonces, nadie se atrevió a entrar en la cueva. A lo más que llegaban era a asomarse a su boca, escrutando la oscuridad, hasta que entre-veían la manaza -sa mà peluda, abierta y ensangrentada, como queriendo atrapar al primero que traspusiera la entrada. La curiosidad se convertía en pánico y, generalmente, el camino de vuelta solía hacerse en bastante menos tiempo que el de ida.
El único que estaba en el secreto de todo aquello era un pescador de Es Caló a quien alguien había contado la historia de la misteriosa mano.
Fue años atrás, en uno de aquellos desembarcos de piratas que con tanta frecuencia se sucedían, aún, en Formentera. Los isleños repelieron a los moros como tenían por costumbre, es decir a garrotazos, pedradas y algún que otro tiro, hasta obligarles a reembarcar. Uno de ellos, sin embargo, malherido y renqueante, no pudo llegar a la nave y se guareció en aquella cueva. Se suponía que alguna cabra muerta debió servirle de alimento, ya que la piel del animal, ensangrentada y colgada de una cuerda, la encontraron un día en el interior de la gruta. Era, talmente, una mano enorme y cubierta de pelo.
Los moros eran incorregibles o debía ser mucha su necesidad puesto que, sabiendo lo poco que podían llevarse de la isla y cómo las gastaban los isleños, insistían aún en nuevas escaramuzas. En una de ellas por poco atrapan al pescador de Es Caló, que sólo tuvo tiempo de coger su caracola marina y salir corriendo, monte arriba, seguido por la chusma de moros, hasta llegar a la cueva.
Prendió fuego a unos matojos, ató una cuerda a la piel de cabra y la colgó frente a la entrada mientras, desde dentro, soplaba la caracola a pleno pulmón y, tirando de la cuerda, imprimía a la monstruosa «mano» unos espeluzantes movimientos.
La cueva debía parecer la antesala del infierno. Al menos eso debieron pensar los piratas que no esperaban encontrarse con aquella visión, ni con el fuego ni con el sonido del corn, semejante al bramido de cien condenados al fuego eterno.
El final de los moros, en las leyendas, es, casi siempre, de lo más desairado: echar a correr y reembarcarse, los que no caían en manos de sus soliviantados perseguidores. En esta ocasión, ocurrió igual.
El pescador los miraba correr, muerto de risa. Cuando, al fin, los perdió de vista, no tuvo ni que molestarse en desmontar su decorado. El fuego se había encargado de ello y de la piel de cabra, de la famosa má peluda, no quedaban más que las cenizas.
Las cenizas y el recuerdo, puesto que a aquella cueva, aunque muchos no sepan por qué, se la conoce, aún hoy, como sa cova de sa mà peluda.

Fuente: Gabriel Sabrafin

092. anonimo ( balear-formentera)

Cinco leyendas y el mar

Resulta sugestivo y hasta apasionante, imaginar cómo sería la llegada de los primeros pobladores de Mallorca. ¿De dónde venían? ¿De qué remota ribera del Mediterráneo partieron un día, adentrándose en un mar absoluta-mente desconocido y lleno de misterios? ¿Por qué lo hicieron?
Cuando eran todavía nuevas las primitivas técnicas de la navegación, la aventura de aquellos exploradores del mar, cuyo documento de identidad ha fijado la ciencia en 4.000 años antes de Cristo, adquiere caracteres de epopeya. A bordo de rudimentarias balsas, tal vez con una piel por velamen, sorteando temporales o pereciendo en ellos y navegando siempre a merced de la suerte y de los elementos, es presumible suponer que, hasta el momento de arribar a las abruptas costa del norte de la isla, más de uno rendiría el tributo de su vida, sin alcanzar jamás a conocer el desenlace de aquella empresa.
Al fin un día, rendidos y agotados, a punto de perecer de hambre y de sed, aquellos -¿cuántos serían?- hombres y mujeres, tocaron tierra y empezaron a escribir sobre ella las primeras páginas de su historia.
Por el mar llegaron la vida, la muerte, la historia y las leyendas. Algunas nacieron de él; sin el mar no hubieran existido jamás y su pequeño argumento, la motivación espontánea que las originara en su día, no figuraría en el mosáico de las tradiciones con ese aspecto de antigualla polvorienta, de anuncio posdatado, que tienen los exvotos pendientes en las paredes de las sacristías.

Fuente: Gabriel Sabrafin

092. anonimo ( balear-mallorca )


La leyenda del mojón de juan pedro lópez

Llovía torrencialmente
Y en la estancia del Mojón
Como adorando al fogón
Estaba toda la gente.
Dijo un viejo de repente:
"Les voy a contar un cuento
Aura que el agua y el viento
Train a la memoria mía...
Cosas que naide sabía
Y que yo diré al momento.
"Tal vez tenga que luchar
Con mas de un inconveniente
Pa que resista la mente
El cuento sin lagrimear,
Pero Dios que supo dar
Paciencia a mi corazón
Tal vez venga en esta ocasión
A alumbrar con su reflejo
El alma de un gaucho viejo
Que ya lo espera el cajón.
"No se asusten si mi cuento
Les recuerda en este día
Algo que ya no podía...
Ocultar mi sentimiento.
Vuelquen todos un momento
La memoria en el pasao
Que allí verán retratao
Con tuitos sus pormenores
Una tragedia de amores
Que el silencio a sepultao.
"Hay cosas que yo no puedo
Detallar como es debido,
Unas, porque se han perdido
Y otras, porque tengo miedo.
Pero ya que en el enriedo
Les metí, pido atención,
Que si la imaginación
Me ayuda en este momento
Conocerán por mi cuento
"La leyenda del Mojón".
"Alcáncenme un amargo
Pa que suavice mi pecho,
Que voy a dentrar derecho
Al asunto, porque es largo;
Haré juerza sin embargo,
Pa llegar hasta el final,
Y, si atiende cada cual
Con espíritu sereno,
Verán como un hombre gueno
Llego a hacerse criminal.
"Setenta años, quien diría
 Que vivo aquí en estos pagos
Sin conocer mas halagos
 Que la gran tristeza mia,
Setenta años no es un día,
Pueden tenerlo por cierto,
Pues si mis dichas han muerto
Aura tengo la virtud
De ser pa esta juventud
Lo mesmo que un libro abierto".
Iban a golpear las manos
Por lo que el viejo decía,
Pero una lagrima fría
Los detuvo a los paisanos.
"Hay sentimientos humanos
Dijo el viejo conmovido
Que los años con su ruido
No borran de la memoria,
Y este cuento es una historia
Que pa mi no tiene olvido.
"Allá en mis años de mozo,
Y perdonen la distancia,
Sucedió que en esa estancia
Hubo un crimen misterioso,
En un alazán precioso
Llego aquí un desconocido,
Mozo lindo, muy cumplido,
Que al hablar con el patrón
Quedo en la estancia de pión
Siendo dispues muy querido.
"Al poco tiempo nomás,
 El amor lo picotio
Y el mocito se caso
Con la hija del capataz,
Todo marchaba al compás
De la dicha y el amor
Y pa grandeza mayor
Dios les mando con cariño
Un blanco y hermoso niño
Mas bonito que una flor.
"Iban pasando los años
Muy felices en su choza,
Ella alegre y guenamoza,
El juerte y sin desengaños.
Pero, misterios extraños,
Llegaron... y la traición
Deshizo del mocetón
Sus mas queridos anhelos
Y el fantasma de los celos
Se clavo en su corazón.
"Aguanto el hombre callao
Hasta dar con la evidencia
Y un día fingió una ausencia
Que jamas había pensao.
 Dijo que tenia un ganao
Que llevar pa la Tablada.
Que era una guena bolada
Pa ganarse algunos pesos
Y así entre risas y besos
Se despidió de su amada.
"A la una de la mañana
Del otro día justamente,
Llego el hombre derepente
Convertido en fiera humana;
De un golpe hecho la ventana
Contra el suelo en mil pedazos
Y avanzando a grandes pasos,
Ciego de rabia y dolor,
Viendo que su único amor
Descansaba en otros brazos.
"Como un sordo movimiento
en seguida se sintió,
después un cuerpo cayo
y otro cuerpo en el momento.
Ni un quejido, ni un lamento
Salió de la habitación.
Y pa concluir su misión
Cuando los vio dijuntos,
Los enterró a los dos juntos
Donde hoy esta ese mojón.
"En la estancia se sabia
Que la ingrata lo engañaba
Pero a el nadie le contaba
La disgracia en que vivía.
Por eso la polecia
No hizo caso mayormente,
Pues dijeron: "La inocente
Se jue con su gavilán..."
Y en cambio los dos están
Descansando eternamente".
-¡Ahi juna! -grito un paisano
Si es así lo que habla el viejo
Ese era un macho, ¡canejo!
¡Yo le besaría la mano!...
-¡Yo soy! -le grito el anciano,
¡Venga, m'hijo, besamé!...
Yo jui m'hijo el que mate
A tu madre disgraciada
Porque en la cama abrasada
Con otro hombre la encontré.
-Hizo bien tata querido
-Grito el hijo sin encono,
Venga, viejo, lo perdono
Por lo tanto que ha sufrido;
Pero aura, tata , le pido
Que no la maldiga mas,
Que si jue mala y audaz
Por mi perdónela, padre,
Que una madre, siempre es madre,
Déjela que duerma en paz!...
Los dos hombres se abrazaron
Como nunca lo habían hecho,
Juntando pecho con pecho
Como dos niños lloraron,
Padre he hijo se besaron
Pero con tal sentimiento,
Que el humano pensamiento
No puede pintar ahora
La escena conmovedora
De aquel trágico momento.
Los ojos de aquella gente
Con el llanto se inundaron
Y todos mudos se quedaron
Bajo un silencio imponente,
Volvió a decir, nuevamente,
Allí están en el mojón
Y poniendo el corazón
El anciano en lo que dijo,
Le pidió perdón al hijo
Y el hijo le dio perdón.

Esta leyenda fue musa inspiradora de la película
"Leyenda del Mojón" realizada por el Cineasta Camilo Zaccaria Soprani en el año 1929

078. anonimo (uruguay)
                          

La gran piedra de aquetzari

Zárate llegó al umbral de la iglesia de Aquetzari. Vestía de negro y fumaba a bocanadas un puro.
Algunas feligresas, escandalizadas, dijeron a sus hijos:
-No se vuelvan a verla; esa mujer practica las malas artes de la hechicería.
Un grupo de indios caminaba por media calle. Encadenados a gruesas argollas, partían hacia las minas. Los servidores del encomendero, montados en recios caballos, los acompañaban.
Una india canosa se detuvo frente a la misteriosa mujer.
-¡Zárate! -le dijo con voz firme y patética. Vos regalás frutas a los pobres, frutas que se convierten en oro. Vos que no pedís agradecimiento por vuestros favores, sálvanos de esta humillación. ¿No ves cómo mueren los de nuestra raza?
La caravana de la encomienda se perdió bajo una nube de polvo.
Zárate tiró el puro al suelo, lo majó y entró decidida a la iglesia.
Se aproximó al Santísimo y se dispuso a encender una vela. En ese momento un hombre se acercó. Ella contuvo la respiración unos instantes para verlo. Era alto, vestía el uniforme del imperio español y sus cabellos negros se caían en un mechón sobre la frente. Al sentirse observado, éste sonrió.
Ella terminó de encender la vela, pero una misteriosa llama verde iluminó sus rostros.
-No se asuste -le dijo Zárate, es la llama del amor que ha despertado de repente.
El gobernador la miró incrédulo. Zárate prosiguió:
-Un mal presagio me anuncia su bello rostro, Alfonso de Pérez y Colma Vos gobernás nuestras tierras aunque nosotros no os lo hayamos pedido. Pero no os guardo ningún rencor por ello. Tomad este presente en señal del afecto que siento por vuesa merced.
Y sacó de su seno una cadenita de oro que terminaba en un anillo.
El gobernador, con su clara sonrisa, lo tomó como encantado.
Cuando logró percatarse, Zárate desaparecía por el umbral de la iglesia.
Sólo el búho desde su alta rama vio al gobernador De Pérez y Colma bajar del caballo frente a la casa de Zárate. La luna se desdibujaba a lo lejos. Era profundo el silencio. Ni siquiera los grillos cantaban. La luz de una vela anunciaba soledad por la ventana.
"¿Qué me trae a este lugar? -se preguntó-. Desde que Zárate me entregó esta cadena no he podido dejar de pensar en ella. Es como si este objeto tuviera voz y me repitiera constantemente: ¡tienes que ir!"
Con las manos frías llamó a la puerta. Zárate abrió, y su rostro bañado de luna cobró una extraña claridad que resaltó sus apretados labios cobrizos.
Alfonso trató de besarla, pero Zárate no se lo permitió.
-Espera, debés decirme antes si cumplirás vuestra promesa: ¿libertarás a mi gente y te unirás a mí por el resto de vuestros días?
-Sí... -contestó el gobernador.
La vela dibujó en la pared encalada la sombra de Zárate y Alfonso que se besaban.
A la mañana siguiente, Zárate lo despertó.
-Ven, tomemos de esta mistela ceremonial -le dijo, llenando dos pequeñas jícaras [1]. Hoy mismo nos casaremos sobre un altar de piedra.
Alfonso intentó hablar, pero Zárate continuó:
-Entonces vos serás mi sangre y mandarás a quitar los grilletes a todos los indios que están trabajando en las minas. Todos retornarán a su tierra. Nuestro pueblo, que ha vivido siempre dentro de la gran piedra de la esclavitud, será tan libre, que hasta las mismas mariposas desearán ser uno de nosotros.
Alfonso se echó a reír.
-¿Conque nos vamos a casar y los sucios indios volverán a sus palenques [2]? ¿No sabés que el rey de España es mi señor, y a él debo todo lo que poseo?
Una delgada ráfaga de furia recorrió el cuerpo de Zárate.
-Además -continuó el gobernador, pronto regresaré a España. Ahí me espera la señorita Margarita de Alonso, con la que estoy comprometido. Ella es una muchacha radiante como el sol, limpia como la más cristalina de las aguas, nunca una bruja como vuesa merced.
Los hilos del líquido púrpura de la mistela [3] se derramaron por el suelo mientras el gobernador se marchaba.
Ese mediodía Zárate subió al atrio de la iglesia. Y desde ahí congregó a todo el pueblo.
Uno tras otro, algunos pobladores se fueron acercando con curiosidad.
-¿No os dais cuenta de cómo sufre nuestra gente bajo el yugo de los españoles? -vociferó.
Alfonso pasó cabalgando en ese momento hacia la Gobernación. Ignoró a Zárate.
-Ese hombre a quien guardan toda clase de respetos -dijo, señalándolo- me ha prometido matrimonio y la liberación de nuestra raza. Pero ha faltado a su palabra. ¡Os pido para él castigo!
Un hombre empezó a reír, después otro, y así sucesivamente se soltó el rumor: "Está loca." "Toda bruja termina igual." "¡Pobre mujer!"
Zárate quedó sola, dando la espalda a la iglesia.
Entonces, una fina cilampa [4] empezó a caer.

Ya había transcurrido una semana de temporal. Una espesa capa de neblina se aferraba a todo el pueblo. Un presentimiento los hacía a todos mirarse sin hablar nada.
Zárate no había salido de su rancho. Algunos decían que la voz del Pisuicas [5] se escuchaba allí dentro.
El gobernador De Pérez y Colma quiso partir en su caballo hacia la ciudad de Cartago [6]. Pero la niebla le impidió seguir el camino. Entonces tuvo que regresar a Aquetzari.
Esa noche sólo Zárate permaneció despierta.
Todos se acostaron anonadados. Un extraño sueño recorrió sus lechos. Ellos sentían cómo brotaban de su piel escamas, plumas, gruesos cabellos. Se transformaban en animales de montaña.
Las calles de Aquetzari se poblaron de serpientes, yigüirros [7], dantas [8], jaguares, armadillos, urracas [9], micos [10].
Zárate se deslizó por calles de sombras. Buscó con la vista a un pavo real que llevara sobre su lomo una delgada cadena de oro de la que pendía un anillo.
Entonces dijo a todos:
-Habitantes de Aquetzari: no habéis soñado. Éste es el gobernador Alfonso de Pérez y Colma, que vivirá como vosotros, arrastrándose como animal dentro de la gran piedra de nuestra raza hasta que decida cumplir la promesa de casarse conmigo y liberar a nuestro pueblo.
Entonces la gruesa neblina se ciñó completamente sobre los techos de Aquetzari, y se fue endureciendo, poco a poco, hasta formar una gran mole de piedra.
Fuera de ella sólo quedó el eco de la leyenda de un poblado que allí existió alguna vez.
Después llegaron otros hombres que fundaron el pueblo de Aserrí [11], pero siempre miran con misterio la gran piedra que pareciera lanzar gritos desde adentro.
Si alguna vez quieres pedirle un favor a Zárate, debes llegar de noche a la roca, darle tres golpes y decirle:

Busco en mi vida un ideal...,
años caminando
y siempre en pie;
linda Zárate, escucha,
y ábreme
por el amor del pavo real.

Entonces la piedra se abrirá, y Zárate, vestida de terciopelo negro con bordados de plata, saldrá con su hermoso pavo real encadenado a escucharte bajo la eterna mirada de la luna.

077. anonimo (costa rica)



[1] Jícara: Vaso pequeño fabricado con la corteza del fruto de la güira.
[2] Palenque: Rancho grande en donde viven en común varias familias de indios.
[3] Mistela: Bebida hecha de aguardiente, agua, azúcar, y canela, a la que se le puede agregar el jugo de alguna fruta.
[4] Cilampa: Llovizna o garúa.
[5] Pisuicas: Diablo.
[6] Cartago: Capital de la provincia de Costa Rica durante la época colonial.
[7] Yigüirro: Mirlo de plumaje modesto y canto agudo y monótono. Ave símbolo de Costa Rica.
[8] Danta: Mamífero parecido al jabalí pero de piernas más largas, nariz prolongada en forma de trompa, piel cubierta de pelo corto y cola casi inexistente. Su carne es comestible.
[9] Urraca: Ave de plumaje oscuro, de la familia de los córvidos, muy domes-ticable.
[10] Mico: Mono.
[11] Aserrí: Es una de las poblaciones más antiguas de la República y conserva su nombre del primitivo cacique Aquetzari, Aquecerrí, Accerrí, Accerí, uno de los caciques güetares a quien protegió Juan Vásquez de Coronado. Esta en la provincia de San José.

Leyenda taina de guanina y sotomayor

Guanina era una india taina [1]. Hermana de Agüeybaná el Bravo, ósea el jefe de la tribu y de un grupo de bravos guerreros, el cacique supremo de toda la isla de Puerto Rico. Guanina significa en el lenguaje taino: “Resplande-ciente como el oro”.
Los conquistadores españoles se habían apoderado de la isla de Borinquen, que así se llamaba entonces la isla de Puerto Rico.
En aquel tiempo, un indio llamado Guarionex vivía enamorado de Guanina. Guanina era la hermana del cacique supremo, ósea el jefe de todas las tribus de la isla.
Guarionex cada vez que veía a Guanina el corazón le latía a tal magnitud que parecía que se le quería salir del pecho. Cada vez que el la veía le declaraba su amor. Ella no le correspondía porque ella vivía enamorada de un conquistar español llamado Don Cristóbal de Sotomayor, alcalde mayor y fundador de un poblado al que había bautizado con su propio apellido.
Guarionex lleno de odio mortal hacia Sotomayor, le gritaba: -¡Don Cristóbal, uno de los dos debe morir! Tú no mereces vivir porque me robaste el amor de Guanina, y yo no quiero seguir viviendo si me falta su amor.
Los indios ya no podían soportar más el trato cruel de los españoles. Los indios taínos los habían recibido con amistad y habían celebrado la ceremonia del guatiao [2] (pacto de fraternidad que sellaban con el intercambio de nombres). Por eso al cacique Agüeybaná también se le llamaba Don Cristóbal.
Los españoles haciendo caso omiso al pacto, se repartieron a los indios como siervos. Los explotaban especialmente en los yacimientos de oro. Ya desesperados los indios anhelaban volver a ser libres. Una noche, celebraron un areito [3] (reuniones para celebrar sus fiestas, recordar tradiciones, y tomar decisiones sobre todo cuando era necesario tomar una decisión sobre una guerra). Esa noche Agüeybaná y los taínos decidieron que los españoles tenían que morir para ellos poder ser libres otra vez.
Guarinox quiso el poblado de su enemigo mayor, que era Don Cristóbal de Sotomayor. Guarinox no pudo matar a Don Cristóbal de Sotomayor porque en ese momento Sotomayor estaba llegando al bohío [4] de Agüeybaná donde Guanina le advirtió que se salvara que los indios se habían revuelto en su contra.
Sotomayor de fue con sus soldados a La Villa de Caparra para ver al Gobernador. Agüeybaná le presto a Sotomayor a unos Naborías [5] para que lo ayudaran con la carga. Pero en secreto les dijo que cuando empezara el ataque, huyeran con la carga. Guanina no quiso dejar a Sotomayor huir solo y se fue con el.
Los indios taínos los persiguieron y el ataque empezó. Sotomayor peleaba ferozmente con su espada mientras los golpes de las macanas [6] de los indios le iban abriendo profundas heridas. En el momento de mayor peligro, Guanina se interpuso entre Sotomayor y los indios, recibió en su cuerpo la herida mortal que iba dirigida a su amado. En ese momento de distracción de Sotomayor, Agüeybaná aprovechó para traspasarlo con una flecha. Cayó Sotomayor en los brazos de su amada Guanina.
Agüeybaná mandó a que los enterraran juntos, pero que a Sotomayor le dejaron los pies fuera de la tumba para que no pudiera encontrar el camino a la tierra de los muertos.
Poco después los españoles rescataron los cuerpos y los enterraron, uno al lado del otro, al pie de un risco empinado y a la sombra de una enorme ceiba.
Desde entonces, los jíbaros [7] dicen que cuando el viento agita de noche las ramas del árbol frondoso, se oye un murmullo, que no es el rumor de las hojas, y se ven dos luces muy blancas, que no son de luciérnagas o cucubano [8], sino los espíritus de Guanina y Sotomayor que flotan, danzan y se funden, cantando la dicha de estar unidos siempre.

Capara: primera residencia del conquistador, gobernador de Puerto Rico, Juan Ponce de León.

076. anonimo (puerto rico)



[1] Taínos: palabra indígena que significa “los buenos” y que da nombre a los indios de las Antillas Mayores.
[2] Guatiao: pacto de fraternidad que sellaban con nombres.
[3] Areito: reuniones que hacían los indios para celebrar sus fiestas, recordar tradiciones, tomas decisiones, o declarar la guerra.
[4] Bohío: casas o chozas donde vivían los indios.
[5] Naborías: indios que trabajaban como siervos para un señor, ya éste un cacique o un colono español.
[6] Macana: arma defensiva de los indios, hecha de madera más dura de una especie de palma.
[7] Jíbaro: nombre con que se conoce a los campesinos puertorriqueños.
[8] Cucubano: insecto volador que despide una luz azulada durante la noche.