Translate

jueves, 16 de agosto de 2012

Supersticiones relativas al juego

El juego, como he dicho, está profundamente arraigado y forma parte de la. vida de esa gente; muchas veces juegan pequeñas cosas porque no tienen más: pilchas de ropa, tabaco da mascar, etc.
Como no se resignan fácilmente a dejar todo librado a la suerte ciega, tratan siempre de ganar, echando mano de todos los medios ilicitos posibles, que en esa curiosa mentalidad supersticiosa toman el carácter de simple viveza.
Si dos peones trabajan en el monte, en el corte de madera y cruzan una apuesta es seguro que, por lo menos, uno de ellos ha colocado en el ojo del hacha un poco de piedra imán (Curundú), en la creencia de que lo ayudará a vencerlo, renovándole las fuerzas hasta que el otro se aburra y deje el campo.
Si se trata de riñas de gallos, harán tragar un poco de azogue al preferido; si. no lo pueden conseguir, rasparán el reverso de un espejito para dárselo.
Muy poderoso talismán es fabricar el bebedero del gallo de riña con madera de la astilla de árból que más lejos haya sido arrojada al ser fulminado por el rayo.
Si se hacen empollar los huevos sobre bosta de mula también será bueno; y sÍ se desea que el gallo tenga pelos en las patas no habrá más que hacerlos sempollar sobre algodones.
En las carreras de caballos es excelente el procedimiento de cortar los pelos de las ranillas de las patas del caballo contrario, para que pierda fuerzas y no pueda ganar; esto recuerda un poco la leyenda de Sansón, y quizá por analogía crean que el medio es eficaz.
Para hacer perder al caballo se le arranca una cerda de la cola y con ella se menea -un sapo, el que se entierra vivo en el andarivel donde aquél debe correr.
Para el juego de cartas hay muchos sortilegios, desde velar durante una noche el naipe hasta untarse los dedos con piedra imán antes de cartear.
Otros el jueves santo entierran en un lugar retirado parte del naipe, a las 12 de la noche vuelven a recogerlo a la misma hora al día siguiente para Viernes Santo; creen encontrar- entonces en ese mismo lugar a "alguien" que les dirá cuál será la suerte que tendrá ese año en las jugadas, si un jugador al ir a jugar se encuentra en un camino con dos caracoles juntos, o dos víboras en igual caso, aprovechará para extender un pañuelo de seda nuevo de manera que esos animales crucen -por encima de él: logrado esto, levantan las cuatro puntas colocando dentro un naipe nuevo y atando en una de las puntas el dinero destinado a jugar.
  Un gran Payé es el del caballo que debe ser de color uniforme (tapado sin ninguna .pinta de color blanco; para ponerlo en condiciones hay que hacerle ayunar tres viernes seguidos. Al amanecer del último sábado le liman un poco los dientes de adelante y mezclan lo extraído con cera virgen, raspaduras de un naipe y bermellón, con lo que hacen una pelotita que guardan secretamente en su persona.
Al ir a jugar van montados en este animal que les dará suerte mientras coma, para lo cual el jugador va acompañado de un amigo que se encarga de mudar constantemente de pasto al animal para que no interrumpa su comida y con ello la suerte de su dueño.
A pesar de estos payés, otros jugadores se precaven tratando de saber si tendrán suerte o no, para lo cual encienden simultáneamente dos mechas de algodón, iguales, y ven cuál es la que se consume primero; o si no hacen elegir, por medio de mi niño inocente, una entre dos monedas, también iguales.

Extraído del libro Supersticiones y Leyendas de Juan B. Ambrosetti Edicion 1912       

015. anonimo (argentina-misiones)

Supersticiones relativas a los animales

De acuerdo con la variedad de su fauna, abundan en esta región las supersticiones y leyendas en que los animales representan un papel importante. Muchas son, sin duda, de origen español; pero en otras se advierte el origen indígena, aunque más tarde fueron cristianizadas.
Empezando por los monos, se cree que los comunes, del género Cebus, en su origen fueron niños; hallándose trepados a un árbol comiendo fruta, fueron maldecidos  por la virgen, por haberse burlado de ella, pues a su pedido de darle fruta para el niño Dios, le tiraron cáscaras.
En cambio el Carayás o mono barbudo, del género Mycetes, fué un hombre (aba cué) maldecido por su padre por haberse burlado de él durante su borrachera.
Es el cuento de los hijos de Noé.
De los carnívoros, al Puma o León (Felis Concolor) temen matarlo con arma de fuego, porque, como es muy inteligente, comprende lo que le espera y cuando le apuntan se pone a llorar.
Sospecho que en esta conseja debe de haber alguna leyenda antigua que no he podido descubrir. Sin embargo, me inclino a creer que haya en ella un resto de totemismo.
El tigre tiene un gran papel en las leyendas de metamorfosis, como la del Yaguareté Abá, por ejemplo.
Es creencia que este animal tiene que hacer todas las noches siete leguas de camino. Por otra parte, el hueso del pene de este animal, envuelto en un fragmento de su cuero, es llevado al cuello para tener fuerza y valor personal (magia simpática).
Este amuleto debe ser extraído personalmente.  Una noche, hallándonos acampados en la costa de un arroyo, mientras hacíamos la cruzada desde el Alto Uruguay al Alto Paraná, por la Picada de Paggi a Paray-Guazú, observé con extrañeza que mi tropero (brasilero) ponía cuatro tizones encendidos en el suelo, en forma de cruz, y orinaba sobre ellos; luego los tomó uno por uno, y diciendo ciertas palabras que no pude distinguir, tiró uno a cada viento.  Interrogándolo respecto de su curiosa práctica, me respondió que era para que no se acercaran los tigres, teniendo por muy eficaz aquel conjuro.
Otro de nuestros peones, brasilero también, llevaba sobre el pecho un gran escapulario, que, según él, le había salvado la vida, refiriéndome lo siguiente: Hallábase mi peón (Marquez se llamaba) zapecando [1] yerba, cuando sintió que el escapulario le golpeaba tres veces en el pecho, sobresaltado se dio vuelta y vio cerca de él un tigre en actitud de atacarlo.
Asustado, le tiró con un tizón y salió disparando a gritos; sus compañeros acudieron y dando sobre el rastro con los perros, se internaron en el monte, no sin antes prohibirle a Márquez los siguiera, pues como se hallaba con escapulario no darían con el tigre, tiene aquél la virtud de ahuyentar las fieras.
Lo sucedido con Márquez es explicable, el tigre, cuando está por saltar sobre su víctima, produce un ruido cartilaginoso con las orejas, que por allí dicen de castañetas, y naturalmente de un modo instintivo el peón, al oírle, dio vuelta y miró, en cuanto el escapulario, nada tiene de extraño que le hubiera golpeado el pecho, dada la posición agachada en que se encontraba, el movimiento propio de su trabajo y el tamaño del mismo.
Ya hemos visto la participación que tienen los perros para descubrir las brujas, aquí solo agregaremos que anuncian también la visita de personas extrañas revolcándose en el suelo.
El Aguará (Canis Jubatus) proporciona el riñón que, seco y colocado en la extremidad de un palo, sirve para matar las serpientes venenosas con sólo acercárcelo.
El "Anta o Tapir", además de servir de remedio para algunas enfermedades, da fuerzas a los que usan correas para cargar bultos hechas con su cuero (magia simpática).
El cerdo es la cabalgadura del fantasma del monte llamado "Caapor", pero esto es sólo por extensión, pues la verdadera cabalgadura es el Chancho del Monte o sea un "Dicotyle", los guaraníes llaman también al cerdo "Cristiano cué", y en un relato del nacimiento de Cristo dicen que ese cristiano se transformó en cerdo por haberse quedado dormido y no haber ido a saludar al niño Dios.
 La Comadreja o "Micuré" (Didelphis) en esa misma oportunidad tampoco se presentó, por estar recién parida y sucia, a pesar de su buena voluntad, habiendosido premiada por esto con la bolsa marsupial.
El Oso hormiguero o "Jurumí" (Mirmecophaga jubata) tiene fama de preñar a distancia, con sólo mirar la hembra.
Las aves abundan también en las leyendas, ya conocemos el gran papel que desempeña el "Caburey" (Glaucidium ferox)  en la fabrica-ción del Payé. Es también consecuencia de la magia simpática. Como creen que este animal atrae a los pájaros, sus plumas conservan el poder atractivo y pueden emplearse para atraer mujeres.
El Ñacurutú o buho (Buho Magellanicus) magnetiza el gato y a otros animales.
El Cuervo negro (Cathartes) anuncia lluvia, y nunca le tiran porque la escopeta queda húmeda para siempre.
Anuncia también lluvia el "Tucano" (Rhamplastos) cuando cambia de isla (de monte); el Saracura (Aaramides Saracura) cuando canta, anuncia viento norte o cerrazón [2]
El Casero u Hornero (Furnarius rufus) no debe matarse ni destruir su nido porque estos hechos producen tormentas.
  La Perdiz común (Nothura maculosa) no puede beber sino cuando llueve, pues las gotas deben venir del cielo cuando quiere la virgen, siendo que ésta la maldijo y la dejó sin cola por haberle espantado el burro que montaba en la huida a Egipto.
La Perdíz del Monte o "Macuco" (Cripturus obseletus) preserva de las mordeduras de serpientes con sólo llevar consigo su cabeza seca. [3]
El Picaflor es considerado animal sabio, y colocado debajo de la puerta de entrada de un negocio atrae a la clientela; entre los "Kaingange" cuando vuela cerca de los ranchos, es indicio de novedades.
El "Pitanguá" o "Guira mitá" (saurophagus) cuando canta cerca de una casa anuncia preñez o próximo nacimiento, en cambio cuando pasa el "Anó" o "Yaguazú Guirá" anuncia la muerte de alguien.
Sobre el "Urutaú" (Nictibius Groseus) hay dos versiones. Una es que fue una persona que no quiso visitar al niño Dios y por eso llora arrepentido desde noviembre a enero. La otra es también aplicada al "Carau" (Aramus Scolopacius) y fue una joven que hallándose en un baile, le avisaron que su madre se moría, como estaba muy entretenida no se apuró, encontrándola muerta al llegar a su casa. Tanto fue su dolor que se transformó en pájaro que llora siempre.
Al "Urutaú" le llaman también "Güeimí-cué" (vieja que fue).
Entre los cainguáes existe la creencia de que cazando con cimbra (armadura de madera en forma de caja) un "Carau" y revolcándolo vivo de una pata se le hace llorar, recogiendo las lágrimas en una hoja y colocándoladetrás del chiripá o taparrabo de la mujer, ésta llorará por el amante o marido durante su ausencia.
El Gallo tiene fama de haber dado el primer grito cuando el nacimiento de Cristo, anunciando la nueva, el buey preguntó ¿donde? la oveja respondió: en Belén, y el lorito dijo: creo. Como se ve, estas palabras, arregladas de acuerdo con la más o menos exacta semejanza de los gritos de estos animales, resultan onomatopéyicas.
El "Chajá" (Chauna chavaría) que generalmente vuela en parejas, tiene esta leyenda sobre su origen, basada también en lo anterior.
Dos muchachas se hallaban lavando a la orilla del rió cuando llegando Jesús y San Pedro, habiéndoles pedido agua para beber, le alcanzaron espuma de jabón y por  esto fueron maldecidas, al quererse ir, por decir  "yajá", que en guaraní quiere decir vamos, dijeron "chajá" y salieron volando transformadas en pájaros.
  Desde entonces su cuerpo tampoco sirve para nada, pues su carne dicen que es pura espuma, de donde proviene el conocido dicho popular: "Pura espuma como el chajá".
Entre los reptiles, el Teyú de las casas, es decir una lagartija, posiblemente el Acrantus viridis, llamada Ambere, proporcionaba su grasa a los muchachos de escuela para untarse las manos y quebrar las palmentas de aquellos célebres maestros de antaño, entre cuyos preceptos se encontraba el famoso "la letra con sangre dentra", en Buenos Aies, los alumnos contemporáneos de los paraguayos que nos ocupan, creían obtener el mismo resultado confeccionado en la misma palma de la mano una cruz de pelos pegados con saliva.
De la Iguana (Podinema teguixin) se extraen anillos de la cola para evitar las insolaciones, este es otro caso de magia simpática, pues con ellos ven que estos animales generalmente se encuentran bien al sol, creen que sus anillos caudales pueden comunicar esa misma resistencia a los que los llevan.
Las serpientes, en general, son muy temidas, pues en aquellos lugares abundan las venenosas, y, como hemos visto, ya varios son los payés usados para precaverse de sus mordeduras.
No conozco sino pocos casos en que estos animales sean objeto de practicaba en San Cosme en la epoca de estos apuntes, parece corresponder a una antigua ceremonia cuyo significado habría que rastrear, apunto sólo el dato. Este juego consiste en tomar viva una serpiente de cascabel o de la cruz - que son las más temibles- se les ata bien la boca, para que no puedan morder, y sobre la cabeza se ata también un premio en dinero, uno o dos pesos.
El que desea obtener un premio, necesita retirar el dinero de la cabeza de la víbora sin hacer movimiento involuntario alguno al ser agredido por la serpiente. 
Huelga decir que muy pocos son los que puedan conservar su sangre fría al recibir la atropellada del reptil. Difícilmente matan a las víboras cuando viajan, porque temen tener contrariedades [4]
                          
Extraído del libro Supersticiones y Leyendas de Juan B. Ambrosetti Edicion 1912

015. anonimo (argentina-misiones)
                        

[1] Zapecar yerba es un término de los yerbateros brasileros que indica la primera operación que sufre la hoja después de cortada del árbol y que se reduce a chamuscarla ligeramente sobre un gran fuego que se hace allí cerca.
 En los yerbales paraguayos e esto llamase overear la yerba
[2] El caballo cuando se pone catingoso anuncia también lluvia y el lobito de agua (Lutra) cuando nada aguas arriba anuncia bajante del río.  Los guaraníes dicen que llueve cuando canta "el araí ya" (dueño de la lluvia)
[3] También da el mismo resultado una cola de serpiente.
[4]Igual creencia tienen si encienden un nuevo fuego en una fogón antiguo.

Sachayoj

La sajajta ("barba de los montes", en quechua) es como una esponja de fibra que crece entre los árboles.
 Se dice que el Sachayoj es un hombre muy grande de larga barba y vestido de sajajta. Es también un espíritu malvado y su artilugio consiste en imitar las voces de los hombres que se internan a trabajar en los montes. De este modo, la víctima piensa que es llamada por un compañero y así se adentra en la selva hasta que es capturado por el Sachayoj, y nunca más vuelve a aparecer

015. anonimo (argentina-santiago del estero)

Relativas a las faenas rurales

La vida rural está sujeta a un gran número de supersticiones y prácticas supersticiosas que se siguen con más o menos fe según las mayores o menores condiciones de alejamiento de los centros poblados y el carácter étnico del personal de peones que actuan en ella.
El peón del Alto Paraná, paraguayo o correntino, es uno de los mejores que conozco, sin -entrar a juzgar sus condiciones personales, que pueden ser- a veces pésimas; posee, en cambio, una admirable adaptación a los más variados trabajos, casi todos muy penosos; generalmente es excelente jinete y hasta domador, buen trabajador con el hacha en los obrajes de maderas, buen peón para lidiar con tropa de mulas y con carretas de bueyes; yerbatero eximio. en cualquiera de las múltiples faenas que se requieren en esta explotación, y, por fin, nadador, constructor de balsas con el agua hasta el pecho, y navegante por ese río lleno de peligros, entre mil piedras, correderas y remolinos y ante todo, esto sonriente siempre entre las mayores penurias, plagas de insectos y necesidades sin fin.
Estos hombres que constantemente tienen que hallarse cara a cara con el peligro siempre renovado entre esas selvas casi virgenes, ríos torrentosos, fieras, enfermedades y asechanzas de todo género, y que después de toda esa vía Crucis no tienen más compensación que el alcohol, el juego o, la Venus barata, no pueden menos que ser en extremo supersticiosos.
Como la vida es por fuerza nómade, cambiándose de campamento de tiempo en tiempo, o, en las estancias se trae ganado de otras partes, Una de las primeras operaciones es la de querenciar los animaIes. Hay varios sistemas para ello.
Si se trata de vacas, lo mejor es cortarles un mechón de pelos de la cola y enterrarlos en la tranquera del corral. Si son caballos de afuera, ponerles una trenza de su misma Crin, untada con grasa de gallina; -es creencia que la gallina se aquerencia en cualquier parte. Si el caballo es entero, al evirarlo enterrar los organos extraídos en la puerta del corra!; si, se le evita esta operación, se le arranca una cerda, se coloca dentro de un caracol, se tapa con cera virgen y se entierra en la misma parte. si es un perro no hay nada mejor que envolverle la cabeza con la camiseta o calzoncillos del patron.
A los pollos, para preservarlos de las pestes, el remedio es colocar en la cocina, cáscaras de huevos de la nidada en un platito.
Si se carnea, hay muchas personas que no comen la carne el mismo día porque creen que necesita más de veinticuatro horas para estar muerta del todo. Si la víctima ha sido un ternero es necesario que la vaca madre no lo extrañe; para esto basta con golpearla desde, lejos con la pata del hijo.
Como es muy frecuente que los animales se lastimen entre el monte, y por lo tanto se agusanen las heridas a causa las moscas, la curación se hace por medio de ceremonias o palabras. He podido recoger dos. 'Una de ellas, consiste en hacer un nudo corredizo con una paja y mirar al sol por el agujero hecho así ir cerrando éste poco a poco mientras se reza un padre nuestro y luego tirar hacia atrás la paja anilldada. Esta operación es necesario repetirla tres veces.
El segundo método es brasilero y se efectúa con tres pajitas de igual tamaño que se colocan en la boca, una al frente y las otras dos divergentes en las comisuras de los labios. Se van arrojando una a una hacia atras, repitiendo un conjuro:

"Bicho que estáis en esta Bichera
que a Deus no alabáis
morto seráis".

Los domadores tienen también sus prácticas; muchos acostum-bran poner en el mango del rebenque un hueso del pescado raya; otros usan llevar en el bolsillo derecho del pantalón un trozo de piedra imán, porque creen que al bolear la pierna sobre el lomo del animal, éste, bajo el influjo de la piedra, queda dominado.
El jinete que quiera domar y no caerse del caballo debe levantarse muy temprano, y cuando sale el lucero cebar bien un mate y ofrecerlo con buena" voluntad a una persona anciana del sexo masculino; luego que lo ha tomado, se saca la bombilla y vuelca la yerba, haciendo  corcovear el mate, porque así corcovea el caballo.
Una vez hecho esto, se saca con el dedo la yerba que no ha caído y que siempre queda pegada al mate, para refregarse con ella las piernas, montando inmediatamente, seguro de no caerse. No deja de ser interesante esta comparación entre el mate y el caballo, y entre la yerba y el jinete; es una ceremonia de magia simpática.
Para enlazar animales sin errar tiro de lazo, se debe raspar con el cuchillo la punta de una mano de mortero que sea de madera de alecrín. Luego se mezclan las raspaduras con cera bendita y se coloca el todo en un trapito, en el remate del lazo, donde se ata la argolla.
Pero aún hay otro payé mejor para el lazo, aun cuando su preparación es algo difícil.
Al efecto, el jueves santo, hay que buscar y elegir una palma pindó y limpiar el terreno alrededor del tronco, pidiéndole al mismo tiempo que no haya animal que al ser enlazado no caiga al suelo.
  Al día siguiente, viernes santo, bien de madrugada antesde que se oiga el canto del gallo, se exrtrae al pindó un trocito de la raíz, del lado que sale el sol primero, y luego se repite la operación con el otro lado, curando las heridas con bermellón y cera virgen cruda, reserrvándose una parte de esta mezcla.
Luego el hombre debe ir solo a enlazar y voltear un padrillo -cosa muy difícil- y una vez en suelo pedide cariñosamente fuerza para casos análogos cortándole, al mismo tiempo, un poco de la crin de la cruz para mezclarla con la cera cruda y los pedacitos de raíz de pindó,para colocar todo envuelto en un trapito en la argolla del lazo.
El lazo hecho con este payé no sólo no erra tiro, sino que no hay animal, por fuerte que sea, que no se le venza.
Es tan fuerte el payé que si se deja el lazo olvidado en el corral y el dueño se aleja, el lazo lo sigue, sobre todo a la hora de siesta, porque siente el sol; llegado el lazo a las casas, penetra sólo en el galpón y se arrolla automáticamente.
Como es natural estos lazos no existen, pero en las consejas populares se asegura que famosos domadores o enlazadores los han tenido.
                        
Extraído del libro Supersticiones y Leyendas de Juan B. Ambrosetti Edicion 1912

015. anonimo (argentina-misiones)

Puente del inca

Una vez hubo un inca sumamente generoso; amaba a su gente deseando para todos un imperio rico y soberano.
Se preocupaba por igual de los problemas de la vida diaria como de salir a recorrer su territorio de un extremo a otro, tratando de conquistar nuevas tierras.
Para continuar con la tradición de sus antepasados jamás invadía un territorio a la fuerza. Primero invitaba a los pobladores a formar parte de sus dominios; a cambio ofrecía enseñarles a sembrar y aseguraba que nunca les faltaría tierra ni comida. De esta manera, casi nunca era necesario luchar. Un día el inca cayó gravemente enfermo. Ni los sacerdotes ni los hechiceros pudieron descubrir de cuál mal se trataba; el hijo de Inti (Inti es el dios Sol) se agravaba cada vez más y todos temieron por su vida.
Hasta que una tarde, los chasquis que corrían velozmente de una posta a otra y transmitían las noticias de pueblo en pueblo, avisaron a los servidores del inca, que en el Sur existía el remedio que podría curado. Inmediatamente, comenzaron los preparativos para la travesía a lo largo de la cordillera y cuando todo quedó listo, partieron desde Cuzco, capital el Imperio, en busca del tan preciado remedio. Una de las cosas que más enorgullecía a los incas, eran los caminos de piedras que se extendían en todo su territorio. Por ellos anduvieron atravesando valles y montañas; cuando llegaba la noche, acampaban alrededor de las posadas que se levantaban a los costados del camino. Adentro de la posada descansaba el inca para reponer sus fuerzas. No se desalentaron en ningún momento a pesar de la dura y larga travesía; una esperanza mucho más fuerte que todo eso los alentaba e incitaba a seguir adelante. Querían mucho a su monarca y deseaban fervientemente que recuperara la salud lo antes posible. Continuaron la marcha por muchos días hasta que por fin, encontraron el nacimiento de un río que corría paralelo al camino y siguieron en esa dirección. Las aguas bajaban torrencialmente y levantaban nubes de finísimas gotas al estrellarse contra las rocas y el ruido de la turbulenta corriente quebraba el silencio de la imponente cordillera. Los peregrinos siguieron su camino hasta llegar a un punto donde el río cambió su curso en una pronunciada curva al Este, cerrándoles el paso. Ahí, su caudal era mucho más profundo y su torrente hacía imposible el cruce a la otra orilla.
Hicieron un alto y acamparon decididos a buscar un lugar por dónde poder atravesar. Fue así que formaron grupos dirigidos por un guía y se turnaron; mientras unos descansaban otros recorrían la zona tratando de encontrar el paso. Desgraciadamente no tuvieron suerte y los grupos volvían cada vez más desalentados de sus expediciones, hasta que por fin se dieron por vencidos y formaron un consejo para decidir qué se haría y después de muchas discusiones y cambios de ideas, llegaron a la triste conclusión de que debían volver.
Abatidos, pensaron que su monarca, cansado por el viaje, no podría resistir el regreso y era probable que no volviera a ver a su querido Cuzco.
Se dispusieron a pasar la noche en ese lugar, para iniciar al otro día el retorno. Rodearon al inca tratando de estar más juntos y unidos que nunca, como para darse entre sí, el valor y la fuerza que necesitaban para volver y como para protegerse de esa gran pena que los invadía en cada momento. Mientras tanto, Inti, que ya se estaba por ocultar en el horizonte, vio lo que ocurría. La hazaña que los incas habían sido capaces de realizar por amor a su monarca, no escapó a la vista del dios y quiso premiar el fervor de este grupo abnegado de súbditos. Entonces consultó con Mama Quilla, la Luna, y entre los dos decidieron ayudarlos inmediatamente. Al amanecer del día siguiente, los incas, entre dormidos y despiertos, vieron azorados frente a ellos un ancho puente tendido que les señalaba el camino. Los dioses lo habían construido para que pudieran pasar. y así, llenos de alegría, reanudaron la marcha con nuevas esperanzas.
Tuvieron mucho que andar todavía y el inca se agravaba más y más, ya ni siquiera abría los ojos para observar a su gente, como lo hacía antes; ninguna palabra volvió a salir de su boca y dormitaba permanentemente.
Obligados a hacer muchos altos en el camino porque se fatigaba con facilidad, la marcha se hizo más lenta y penosa, pero no desfallecieron en ningún momento.
Por fin llegaron al lugar indicado; de inmediato se distribuyeron las tareas, mientras unos buscaban las hierbas medicinales, otros construyeron una gran tienda para alojar a su monarca e instalar todo lo necesario para su curación. No fue en vano todo el extraordinario esfuerzo que le dedicaron; en poco tiempo empezó a mejorar para alegría de todos.
Entonces emprendieron el regreso entre cantos y oraciones de agradecimi-entos a sus dioses. Los chasquis corrieron velozmente delante de ellos y llevaron la buena nueva. Todo el pueblo los esperó ansioso y preparó grandes festejos en su honor. Los templos se vieron resplandecientes, ya listos para ceremonias y ritos.
El inca entró en la capital, totalmente repuesto; su pueblo lo saludó con cariño y lo acompañó hasta su morada. Poco tiempo después, el hijo de Inti volvió a reinar en el Imperio. Desde entonces, al noroeste de la provincia de Mendoza, donde pasa el río Las Cuevas, el mismo que interrumpió el paso de los peregrinos, se levanta el Puente del Inca que unió las dos orillas y debajo de su arco siguen pasando torrencialmente las aguas del río andino.     

015. anonimo (argentina-mendoza)

Prácticas funerarias

Es creencia general que las criaturas de corta edad, muertas sin haber podido pecar, van derecho al cielo, siendo allí transformadas en ángeles; así, en vez de sufrir mucho por la pérdida del hijo, los padres se consuelan, y con este motivo celebran bailes ante el cadáver, alternados con algunas oraciones.
Estos bailes, siempre muy concurridos y de animadísima diversión, son costeados por el padrino de la criatura muerta, así como el cajón y la cruz que se coloca sobre la sepultura.
En Misiones hay una costumbre muy curiosa. Al año del velorio, la familia va al cementerio y trae a su casa la cruz, que precaucionalmente se fabrica articulable sobre un tronco clavado sobre la tumba.
Esta cruz, junto con todas las flores secas y las cintas de los ramos que adornaban el cadáver el año anterior, y religiosamente guardadas desde entonces, son colocadas en una mesa bien adornada y se vuelven a velar.
A esto se llama velorio de la cruz, y con este motivo hay nuevo baile, costeado otra vez por el padrino.
  En estos velorios intervienen muchas veces lloronas o rezadoras profesionales.
 Pasado el novenario del difunto, los parientes más próximos hacen la limosna de Dios (Tupámbahé), que consiste en dar algo a los pobres, desde carnear una res hasta repartir unas cuantas chipás o mandioca, según los posibles de cada familia.
El velorio de personas mayores es más serio, excluyéndose los bailes y chacotas.
En esta región no hay sepultura sin su correspondiente cruz; más aún: si en cualquier parte es asesinado alguno, o cae muerto de alguna afección orgánica; o lo fulmina un rayo, etc., aun cuando no se entierre allí, se coloca también una cruz para memoria del hecho y ese lugar es reputado tan sagrado como una tumba. 
Todo el que pasa por ella se descubre; algunos, llenos de mística superstición, no dejan de rezar por el descanso del alma del que fué.
En algunas partes adornan las cruces con trapos blancos que colocan suspendidos de los brazos, como se usan en las iglesias para Semana Santa (Curuzú yeguá).
Más original es otra costumbre observada principalmente en Corrientes: la de llevar al pie de las cruces fruta, dulces, chipá, etc. [1] para que el que pase por allí se sirva de ellas, con la condición de que rece sobre la tumba por el alma del finado; todos tienen buen cuidado de hacerlo para que el muerto no se irrite y tome venganza.
Está muy generalizada, también, la costumbre de prender velas sobre las sepulturas.
 Estas cruces son tambien llamadas Curuzú de las ánimas y muchas de ellas tienen al pie varias piedras, principalmente las que se hallan cerca de algún arroyo; esto es debido a los viajeros que se las ofrendan a falta de velas, pidiéndole que les sea propicio el viaje, no les llueva en camino, etc.
Las cruces viejas suelen ser transportadas a las casas para encenderles allí velas y hacerles oraciones, porque se tiene la creencia de que sirviendo a la cruz se sirve al muerto.
Son reputadas muy milagrosamente las cruces colocadas en los árboles donde se ha suicidado algún individuo y por extensión el árbol mismo es tenido por milagroso.
 Todo este respeto supersticioso por los muertos, tratándose de restos cristianos, se troca en desprecio cuando se trata de restos indios; como los consideran infieles, se ríen de ellos, son capaces de romperlos y aventar sus fragmentos.
La creencia en las malas visiones (mbai pochí o angüe mbai entre los guaraníes) de almas en pena, es frecuente; a los fuegos fatuos les atribuyen ese origen y dicen que se entretienen en atajar a los viajeros en los caminos.  Un medio excelente para poder pasar, atropellando ese obstáculo, es atar un rosario bendito (que muchos llevan consigo) en la pata delantera del caballo.
Estas malas visiones pueden ser producidas también por el diable o por brujas; en el primer caso, los perros, de noche, se ponen a aullar en cuanto se aproxima a  las casas, y el remedio para conjurarlo es colocar boca abajo en el suelo la chancleta o zapatilla del pie izquierdo y ponerse a rezar; en cuanto a las brujas que se suponen mujeres de mala vida transformadas en pájaros y pueden penetrar de este modo a las casas, lo mejor contra sus maleficios es  tirarle con los calzoncillos o castigar el aire con un rosario bendito.
En cambio de todos estos malos elementos, hay algunas malas buenas, como por ejemplo, la del "negrito del pastoreo", que murió azotado por sus amos por una falta que no había cometido, en tiempos muy anterioresa la guerra [2] éste ayuda a encontrar las cosas o animales perdidos, con sólo ofrecerle una pulgada de  vela. Buena es tambien la de Yanuario, un pobre que se comide a todo, principalmente en los trabajos de campo, asi en los rodeos, cuando es necesario, le gritan: ¡Ataje Yanuario! y él ataja los animales, no sin protestar, pues muchas veces les contesta: "solo se acuerdan de Yanuario para trabajar y nunca para comer", aludiendo a la extremada miseria que pasó toda su vida.

Extraído del libro Supersticiones y Leyendas de Juan B. Ambrosetti Edicion 1912

015. anonimo (argentina-misiones)


[1] Pan de almidón, de mandioca, de maíz, etc.
[2] Del Paraguay, se entiende: esta leyenda es de la época colonial. También se usa ofrecer una vela a San Benito, pero como este Santo es negro, no es difícil que lo confundan con el negrito del pastoreo o viceversa.

Mariana la indigena

Esta antigua leyenda sanjuanina cuenta que Mariana era un hermosa india que de vez en cuando aparecía por el pueblo, pero que nadie sabia adonde vivia. Ella no hablaba con nadie, llegaba al poblado y vendía unas pepitas de oro que traía en una bolsa. Luego se marchaba silenciosa.
Esta actitud sumada a que en el pueblo desconocian de donde venia y hacia donde iba, hicieron que fuese creándose un misterio en torno a ella. Unas mujeres dijeron que la habían visto hablando con los animales, pero los hombres no les creyeron. Inclusive, dicen que un campesino se atrevió a preguntarle de dónde sacaba las pepitas de oro y que ella respondío.
-de un pocito y apuró su paso.
Para descansar, se recostaba a la sombra de un árbol que parecía haber elegido con ese fin, porque era siempre el mismo. Se alimentaba de frutas silvestres.
Una noche, unos bandidos que la habian estado vigilando con el propósito de robarle el oro, la sorprendieron dormida debajo del árbol e intentaron tomarla por asalto pero, de la nada, un enorme perro con ojos que lanzaban fuego, se abalanzó sobre el grupo hasta espantarlos.
Dicen que el mismo grupo, tomando más precauciones, decidió seguirla para descubrir de dónde provenía el oro.  La leyenda cuenta que se internaron en el cerro y que nunca más aparecieron.
El nombre del departamento de Pocitos (San Juan) tiene su origen en esta leyenda. Al parecer, fue allí que la india habló con el campesion y le dijo de dónde sacaba el oro.

015. anonimo (argentina-san juan)