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lunes, 7 de abril de 2014

Las criptas de kaua

Pues cuentan que en el pueblo de Kaua, al sur de la provincia de Valladolid, hay unas criptas profundas cuyas galerías subterráneas y extensas forman un verdadero laberinto donde nadie se atreve a penetrar.
Lo cierto es que nadie nunca las recorrió en su totalidad, pues hasta se dice que una de ellas tiene una longitud de veinticuatro kilómetros. Y cuentan que, cuando uno está cerca de ellas, si se dice algo, el eco lo repite interminablemente. Los más viejos del pueblo aseguran escuchar con claridad una voz que pregunta en lengua maya: «¿Me quieres?». Y estas palabras de respuesta: «Como las plantas al rocío de los cielos, como las aves al primer rayo del sol matinal».
Ellos son los únicos que conocen la leyenda que se relata sobre esas criptas. Y, como me la contaron, la cuento.
Vivía en el reinado de Chichen el cacique H'Kinxoc, padre de una preciosa muchacha llamada Oyomal, que quiere decir `timidez'. Muchos eran los que la querían para casarse, pero ella se mostraba amable y nunca elegía a ninguno. Entre los pretendientes destacaron enseguida Ac y Cay, dos príncipes hermanos que, tanto deseaban tener a la princesa para sí, que se odiaban entre ellos. Tanta era la furia que tenían que H'Kinxoc temía que si la princesa se decidía por uno de ellos comenzara una guerra por parte del otro.
Pero, mientras, Yacunah, la diosa del amor, ya estaba trabajando, y Oyomal no pudo resistirse a las palabras de Cay:

...quiero que seas vista en verdad
muy bella, porque
habréis de pareceros a la humeante
estrella, porque os deseen hasta
la luna y las flores de los campos.

Así que a él le entregó su corazón.
Ac, encolerizado por la fortuna de su hermano, mandó a sus guerreros a pelear contra él. Llegaron justo cuando Cay le juraba su amor a la bella Oyomal. Le apresaron y le encerraron en una cripta, mientras la dama era conducida al recinto de las vírgenes de Chichen Itzá y el cacique H'Kinxoc fue encerrado en el santuario de Mutul. Ac seguía teniendo mucha rabia y cólera, pero el amor por Oyomal seguía creciendo dentro de él y siguió cortejándola. Todas las mañanas acudía al recinto de las vírgenes y le hablaba de sus sentimientos. Ella permanecía silenciosa. Todavía le sonaban en sus oídos los bellos versos de Cay y la pregunta que le había hecho después: «¿Me quieres?».
Entre tanto, Cay, en la cripta, se repetía una y otra vez las palabras que ella le había contestado: «Como las plantas al rocío de los cielos, como las aves al primer rayo del sol matinal».
En su desesperación, Cay comenzó a construir un subterráneo largo que le llevara desde su prisión a la de su amada. Un día llegó hasta ella, y Oyomal pudo escuchar otra vez de los labios de Cay: «¿Me quieres?». Cuando entrelazaban sus manos entraron en el recinto los guerreros de Ac para prender al fugitivo. Los amantes tuvieron tiempo de entrar al laberinto por donde había salido Cay, pero los guerreros los atraparon y les dieron muerte allí mismo.
Es por esto que, en los días de brisa, sus frases de amor pueden escucharse cerca de la cripta.

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