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domingo, 28 de diciembre de 2014

Los manantiales de manitu

Hace muchos cientos de inviernos, todos los hombres rojos que cazaban búfalos en la pradera hablaban el mismo idioma y fumaban juntos la pipa de la paz. Cierta vez, en las Montañas Rocosas, un comanche y un shoshone se encontraron por casualidad junto a un arroyuelo. Los dos volvían sedientos de una jornada de caza. Unos metros más arriba, un manantial que salía de la roca viva vertía sus aguas en el arroyo. El cazador shoshone llegó hasta el manantial y antes de beber derramó un poco de agua en honor al Gran Espíritu. En cambio el comanche, exhausto, se arrojó al piso y hundió la cara en la corriente del riachuelo.
-Este es nuestro territorio -dijo, de mal humor, después de saciar su sed. ¿Acaso un extranjero tiene derecho a beber de la fuente cuando un comanche se contenta con el agua del arroyo?
-Manitú creó los manantiales para que todos sus hijos podamos beber agua pura. Au-sa-qua es un jefe de los shoshones y tiene tanto derecho como cualquiera a beber este agua.
-Los shoshones son una tribu comanche. Waco-mish es un gran jefe comanche -contestó el otro. Ningún shoshone tiene derecho a beber por encima de donde él bebe.
-Waco-mish miente -dijo el shoshone. Tiene lengua de serpiente y el corazón negro como el espíritu del mal. Cuando Manitú hizo a sus hijos, los comanches y los shoshones, los arapahó y los paine, a todos por igual les dio búfalos para alimentarse y manantiales para beber agua pura.
El comanche no contestó. Lleno de odio, esperó hasta que el otro cazador bajara la cabeza para beber, y cuando estaba descuidado se abalanzó sobre él, haciéndolo caer. Después le hundió la cabeza en el agua del arroyo hasta ahogarlo.
Pero cuando las últimas burbujas de aire desaparecieron, porque el cazador shoshone había dejado de respirar, un extraño sonido sibilante brotó del agua. Una nube de vapor se elevó sobre el arroyo y en el aire se materializó una figura que el asesino conocía muy bien. Era un anciano de cabellos blancos que lo miraba con severidad: el gran Wau-kau-aga, el padre de la nación comanche y la nación shoshone. Wau-kau-aga había sido un gran guerrero mientras vivió como humano sobre la Tierra, famoso por sus hazañas y por sus buenas acciones.
-Has roto el vínculo entre dos naciones hermanas y poderosas -le dijo al asesino. En recuerdo de tu crimen, que el agua de este manantial se vuelva para siempre ácida y venenosa. En cambio, este será el recuerdo del buen cazador shoshone.
-Golpeando con su mazo mágico la roca, creó un manantial y un estanque de agua fresca y cristalina.
Desde ese día, los comanches y los shoshones se convirtieron en enemigos. Muchos cráneos comanches fueron escalpados y muchas cabelleras adornaron los tipis de los guerreros shoshones, en venganza por la muerte de su jefe.
Y allí están los manantiales de Manitú, uno venenoso y el otro puro, como recuerdo de la triste hazaña del cazador comanche.

0.011.3 anonimo (america-comanche) - 059

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