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jueves, 20 de diciembre de 2012

¡Marinero, guía, guía!

Lo saben muy bien los marineros; lo sintió muy pronto el tío Tono, patrón de la «Santa Ana»; su viejo instinto de peligro le enfrió la raíz de los cabellos, le secó la garganta y le aceleró el corazón: se aproximaba la tempestad.
El agua del cielo se teje, se espesa y se ondula. El patrón gruñía en la proa, ordenando recoger las redes, porque el viaje había sido inútil y aún faltaban muchas leguas para llegar al puerto de Llanes. Soplan recios los vientos y la lluvia se rompe y precipita. Abriendo sus pequeños ojos, un muchacho arapiento y pelambroso, el pinche, gritó entre aspavientos:
-¡Mirad, mirad...! Una caja que, flotando, viene hacia aquí y una gaviota revolotea encima.
-Tú ves visiones -replicó el patrón. Qué va a traer gaviota; es una caja de mercancías que se ha escurrido, se­guramente, de alguna velera.
Se iluminaron las aguas y vino la calma. Después de mu­chos esfuerzos lograron subir a bordo la flotante caja y, en tanto que la gaviota revoloteaba la caja, atónitos, oyéronla decir con dulce acento estas palabras:
-¡Marinero, guía, guía!
Volaba la gaviota en dirección a Llanes y, de trecho en trecho, suspendía el vuelo, como para esperar a la barca.
Al levantar la tapa de la caja, tras muchas dudas y ro­deos, quedáronse los marineros mudos de asombro al topar sus ojos con una bellísima efigie de la Santísima Virgen. El sol brillaba con esplendor inusitado. Descubriéronse todos, postráronse de rodillas y rebosándoles el corazón de piado­sa emoción, comenzaron a musitar:
-Dios te salve, Reina y Madre...
La gaviota, siempre delante de la embarcación, seguía diciendo:
-¡Marinero, guía, guía!
Con tal precioso cargamento, en pos de la gaviota, bien parecía que volaba la barca.
Cuando llegaron a puerto, ante la expectación de las ma­drugadoras mujeres que con sus cestos esperaban el pesca­do, tomaron la caja cuatro marineros y emprendieron el ca­mino hacia la iglesia de Santa María de la Asunción. De nuevo el revoloteo de la gaviota y las mismas dulces pala­bras:
-¡Marinero, guía, guía!
No fue posible; sus pies parecían clavados al suelo, en tanto la gaviota volaba y revoloteaba formando círculos so­bre la caja, ante una muchedumbre que se agolpaba expec­tante. Había que seguir -así lo entendieron los sacerdotes que, presurosos, habían llegado al lugar- a la gaviota, que les iba abriendo camino en dirección a un suave montículo que mira al mar. Se improvisó un rudimentario altar y se iniciaron las obras del santuario. El día que la Virgen fue entronizada, ante un apretado haz humano de plegarias y lágrimas, la gaviota emprendió su vuelo[1].
Queda en Llanes la tradición de la Virgen de Guía que un día flotó entre las aguas del mar, como otro lo hicieran la Virgen de la Barca, de Navia[2], y la Virgen de la Blan­ca, de Luarca[3].

Leyenda marinera

0.100.3 anonimo (asturias) - 010



[1] Cabal, que también recoge la tradición, apostilla: «Es toda literatura esta leyenda, y pienso que anduvo en ella el ingenio sutil de una escritora de méritos indudables: María Luisa Castellanos» CABAL, C., o.c., p. 245; CASTELLANOS, M. L., La leyenda de la Guía (Estudio histórico-fabuloso), Llanes 1913, obra que se incluye en Cuentos y Leyendas (Temas Llanes, núm. 17), Llanes 1981, pp. 89-110; ID., Baluarte de Gracia: Llanes, México 1963, pp. 267-273. El verdadero hilo de la leyenda, sin los ropajes litera­rios que pudieran mancillarla, puede verse en MORIA, A., Recuerdos gra­tos, México 1882, p. 20.
[2] JUNCEDA AVELLÓ, E., Leyenda e historia de la Virgen de la Barca, en Navia, en BIDEA, núm. 96-97, Oviedo 1979, pp. 347-361.
[3] CASARIEGO, J. E., Asturiasy la mar, Salinas 1976, p. 72.

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