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jueves, 23 de agosto de 2012

El vinal

El Vina l[1]  es un árbol que suele alcanzar varios metros de altura, y se bifurca desde arriba en ramas delgadas cubiertas de enormes espinas. Las hojas son fruto es una vaina delgada. y larga.
Debajo del vinal no crece planta alguna al parecer por emanaciones del mismo arbol no bien determinadas todavía.
Consignamos la causa de ese fenómeno, según la fantasía aborigen, que tiene para cada misterio una explicación .sobrenatural.
Aconteció que en una tribu guaraní nació un niño con instintos manifiesta-mente perversos…
Desde muy pequeño dio muestras de crueldad, y a su impiedad no escapaban los más inocentes moradores del bosque, sean pájaros o animales.
Alarmada, la madre dio cuenta al cacique de lo que estaba ocurriendo. Este llamó a los hechiceros que después de un largo "consejo" llegaron a la conclusión de que el pequeño estaba poseído del espíritu de
Añahan y que mantenía relaciones con él.
Era necesario, pues, curarlo. Se resolvió en acuerdo con el cacique, apresarlo para llevar a cabo la importante tarea. de desalojar el maldito del cuerpo.
Pero cuando los hechiceros se acercaron al niño para cumplir su cometido, éste, retrocediendo sigilosamente, preparó su arco y sus flechas. De nada valieron las amenazas del cacique. El niño esperó que se acercaran y descargó sobre ellos las flechas mortales. Consumado el crimen comenzó a huir perseguido por toda la gente de la tribu. En varias oportunidades el pueblo enardecido estuvo a punto de darle alcance; pero legiones de cardones, sobre los que el criminal pasaba como un hálito, les cortaban el paso. Finalmente le perdieron de vista.
Días después encontraron en la selva un arbol nuevo.
Era el niño que había caído de cansancio, pero Añahan le había concedido el último favor para protegerlo.
Lo cubrió de espinas. Y así nació el vinal por obra del demonio. Tan malvado sigue siendo que a nadie permite vivir a su sombra; a  excepción del cardón y el cardoncillo que ayudaron en su huída. A todas las demás plantas mata sin compasión. Por eso los indios procuran destruirlo donde lo encuentran, pero deben cuidarse de los garfios arteros que Añahan le ha dotado…
                          
056. anonimo (toba)




[1] Es tanta la mala fama  de este arbol que hasta el gobierno lo considera enemigo de las demás especies y permite su talado sin pagar derechos. Por supuesto la mala fama no procede de la leyenda sino por tratarse un obstáculo para el crecimiento de las demás especies vegetales.

El perro y el fuego

Bastante tiempo pasó. Un día apareció una mujer que practicaba el canibalismo; los tobas se unieron contra ella y lograron vencerla. Una vez dominada, la echaron al fuego para terminar simbólicamente con la transgresión.
Otro día llegó una tiniebla muy espesa que todo lo cubría. Había sido precedida por un perro enfermo que se paseó por el caserío de los tobas. Todos lo despreciaron y lo quisieron fuera del poblado: le arrojaron piedras, hasta que se marchó hacia otro, del que también fue expulsado con violencia. De noche regresó y después de andar recorriendo las casas, llegó a la morada de una pareja que no tenía hijos. Sintieron pena por él y lo llamaron para que se acercase al fuego. Le prepararon un sitio con abundante pasto para que se recostase y después lo alimentaron. Pensaron en curarlo y conservarlo como guardián de la casa.
Se acostaron tarde y, una vez dormidos, el sueño del hombre fue interrumpido por un mensajero. Le indicó que debían empezar a trozar madera de árbol Francisco Álvarez exclusivamente. La pila de leña tenía que alcanzar una altura determinada bajo la copa de otro árbol. Durante su tarea, le aseguró que padecerían sed pero nunca hambre, le señaló que tendrían que transcurrir dos jornadas oscuras antes de iniciar la quema de la madera trozada y dedicarse a cocinar.
El mensajero ‑que llevaba una muy buena vestimenta, desconocida por esas tierras‑ convenció al hombre, que, por su parte, realizó lo encomendado con precisión. A la mañana siguiente, él y su mujer emprendieron la tarea. Alcanzada la altura prevista, pudieron descansar. Al mediodía siguiente comenzó a llover y toda la leña del poblado ‑salvo la de árbol Francisco Álvarez cortada por la pareja‑ se mojó, y nadie pudo encender el fuego.
Todos se les acercaron solicitándoles madera, pero ellos no los ayudaron, ya que se habían comprometido a respetar las instrucciones recibidas.

056. anonimo (toba)

El origen de los rios chaqueños

La cosecha de la algarroba había terminado. La tribu iba al lugar donde realizaban los festejos que, infaliblemente, realizaban luego de cumplir trabajos prolongados.
Se reunieron en un claro del bosque esperando a los que tendrían a su cargo la "representación" y que aparecieron a los pocos instantes.
Eran cuatro disfrazados: uno de nichaj, otro de quirioc, el tercero de norerá y el último de diorné. Les acompañaban varios hombres que simulaban ser cazadores.
Desde que el juego comenzó, y en el que debían atraparse entre sí, actuaron a la perfección, imitando las características y las voces de cada uno de los animales que representaban.
Así se ponían frente a frente, trepaban a los árboles, se perseguían tratando de darse alcance, luchaban unos con otros y usaban de todos los medios y astucias empleados por los animales, cuyo disfraz había adoptado cada uno, cuando tratan de poner su vida a salvo.
Los hombres, a su vez, intentando atraparlos, no los perdían de vista, los asediaban, los corrían y atacaban con el mismo ardor y entusiasmo que si se hubiera tratado de una partida de caza.
Las carreras y las luchas se prolongaron durante mucho tiempo, con gran alegría de los que presenciaban tan singular torneo.
Cuando oscureció y el cielo se cubrió de estrellas, se dio comienzo a la danza.
Empezó a oírse el monótono son del pin pin, un tambor hecho con un tronco de yuchán partido transversalmente en dos y cubierto con un cuero de lermá, que tocaba incansable el director del baile, colocado en el centro del espacio destinado para la fiesta.
Comenzaron con la “Guacanic”, la danza preferida por los tobas, que consideran a las estrellas como los ojos de sus antepasados, en cuyo honor la bailaban.
Formando varias ruedas, tomados de la mano y mirando siempre hacia arriba, danzaban, siguiendo el compás que, valiéndose del pin pin, marcaba el que oficiaba de director.
Estos compases, lentos y espaciados al principio, aumentaban de velocidad a medida que el tiempo transcurría y crecía el entusiasmo de los bailarines, cuyos cuerpos seguían con movimientos rítmicos las variantes marcadas por el pin pin.
Acompañaba a este son el tintineo característico que hacían, al chocar unos con otros, las piedritas, los amuletos y las semillas, colgados de los cinturones y de las chacas, pulseras vegetales usadas por los bailarines rodeando sus brazos y sus piernas.
Un coro masculino dejaba oír sus tonos graves, al que se unían las notas agudas que entonaban las mujeres.
La tagá, mientras tanto, servida en vasijas de barro, iba de boca en boca, levantando los ánimos de los concurrentes, multiplicando su alegría y aumentando su entusiasmo.
Así pasaron la noche entera. Con ella terminó la fiesta y cuando el sol volvió a aparecer por oriente, sus rayos llegaron hasta los hombres y las mujeres que, vencidos por el cansancio y embotados por efecto de la abundante aloja ingerida, dormían su fatiga al reparo de los árboles.
Varios días después de realizarse esta fiesta llegó a la tribu del salarnek Chiguisi, un extranjero que dijo llamarse Koipac.
Luego de una cosecha tan pródiga y de los festejos ruidosos con que la cele-braron, los ánimos de los indígenas se hallaban predispuestos para ver y recibir al recién llegado con simpatía.
Si a ello se agrega la astucia que empleó el extranjero a fin de granjearse la amistad de los naturales, se encontrará la razón por la cual lo acogieron con afabilidad, no descubriendo sus intenciones aviesas sino cuando les fue imposible deshacerse de él.
Así fue que, en lugar de corresponder a la buena acogida que se le dispensó, quiso al poco tiempo imponer su voluntad y usurpar los derechos de quienes eran los verdaderos dueños de la región.
Lo consiguió siempre y ocasionó múltiples daños a quienes sólo debía favores.
Llegó un momento en que todos le temieron, convencidos que poseía un poder maléfico conferido por el demonio.
Temerosos de las fuerzas sobrenaturales y de los enviados de los genios malos, nadie se atrevía a lanzar contra él sus flechas con puntas de ñuatí curuzú, cuyas espinas venenosas eran infalibles.
Koipac, por su parte, se reía de ellas sabiéndose invulnerable al más activo de los venenos.
El no reconocía derechos ajenos y actuaba de acuerdo a los dictados exclusivos de su voluntad y de su conveniencia, sin importársele el perjuicio que sus actos podrían ocasionar.
Los toldos de la tribu de Chiguisi se hallaban en las cercanías de Yuioma, la laguna del pescado, cuyas aguas brindaban a los nolajuijk abundantes nillac, entre los que había: toiguif, hueserá, chalmee y nuhac.
Las aguas de la laguna guardaban celosas al pez sagrado, un sasinec de tamaño extraordinario, padre de los peces y que proveía a la laguna de esos animales.
Un día, los indígenas vieron, consternados, que Koipac se dirigía a pescar.
Llevaba el arco y las flechas de guayaibí. Marchaba decidido por el sendero que conducía a Yuioma, entre guaviyús, daicós, ibirá jus, pindós, florecidos yaguá-ratais, trepadoras mburucuyás, güembés de tallos retorcidos y lianas decorativas, que con sus guirnaldas de hojas formaban verdes cascadas suspendidas de las copas de los árboles.
Enterado Chiguisi de las intenciones de Koipac, le salió al encuentro para prohibirle que diera muerte al pez sagrado, al sasinec, cuya desaparición traería como consecuencia el fin instantáneo de todos los peces, con los que los naturales quedarían privados de tan importante alimento.
Koipac, como siempre, recibió la advertencia con desdén, y acompañando sus palabras con un gesto burlón, preguntó:
-¿Es algún privilegiado el sasinec de que me hablas, para que con él se tengan miramientos que no alcanzan a los otros peces?
-¡Es el padre de los peces que viven en la laguna y el que proporciona abundante alimento a la tribu...! -respondió indignado el cacique.
-Pues tengo deseos de probar si es verdad eso -concluyó Koipac empecina-do.
En vista de que sus palabras no convencían al malvado el salarnek Chiguisi decidió rogarle que no lo hiciera. Pero no obtuvo mejores resultados y tal como lo tenía dispuesto, Koipac llegó a la laguna de los peces.
La tribu, desesperada, veía con horror la grave falta que iba a cometer el perverso Koipac atacando al dorado, al que ellos profesaban veneración y respeto; pero sabían, por otra parte, que nada ni nadie hubiera podido evitarlo pues los poderes maléficos que poseía el extranjero lo hacían invencible.
Poco después, Koipac, con el arco tendido apuntaba al pez sagrado que, como si conociera sus intenciones, lo desafiaba no alejándose del lugar.
Koipac, creyéndose elegido de la suerte al ver que la presa se le brindaba generosa, tomó puntería y en un instante la fl echa, despedida con fuerza, atravesó el cuerpo del sasinec.
Instantáneamente se produjo algo inesperado. Algo que no estaba en los cálculos del presuntuoso Koipac y que sus poderes maléficos no podían conjurar.
Las aguas de la laguna crecieron en forma vertiginosa no tardando en desbordarse.
En el semblante del malvado Koipac se pintó el terror más espantoso al suponer que podía ser alcanzado por la avalancha de las aguas que corrían por la llanura sin que nada las detuviera.
Delante de ellas iba el extranjero, quien habiendo arrojado el arco y las flechas que le entorpecían los movimientos retardando su carrera, huía desesperado tratando de evitar ser alcanzado por el agua que, deliberada-mente, seguía sus rastros amenazando con ahogarlo.
Pero la carrera se prolongaba tanto que de vez en cuando la fatiga vencía al indio que se veía obligado a detenerse para recuperar energías.
Esos instantes eran aprovechados por las aguas para detenerse también y esparcirse por el llano formando lagos y lagunas que, al llegar hasta donde se hallaba Koipac, lo obligaban a recomenzar la carrera interrumpida. Esto sucedió muchas veces y en una gran distancia, hasta que Koipac, completa-mente rendido, cayó sin poderse levantar más.
Las nectrank lo cubrieron, deteniéndose, desde el momento que ya habían cumplido su propósito: castigar al matador del pez sagrado.
El camino seguido por ellas desde que salieran de Yuioma persiguiendo al malvado y desaprensivo Koipac, hasta su total rendición, marcaron un curso de agua que dio abundante cainarán a los habitantes del Chaco, respetuosos adoradores del sasinec sagrado.
Ese fue el primer tuyeté que regó las llanuras boscosas del Chaco, según decían los tobas, el que a su vez dio origen a los otros, encargados de ofrecer su linfa clara a los habitantes de la región, a sus animales y a sus plantas, como una ofrenda de vida que el sasinec sagrado ofreció a quienes lo habían venerado como enviado de los dioses.

Referencias
Los ríos de la llanura chaqueña corren por terrenos de muy poco declive, siendo por consecuencia de curso indeterminado.
Por la misma razón sus aguas se deslizan con lentitud.
En verano, época que se caracteriza por la abundancia de copiosas lluvias, las barrancas de las orillas suelen desmoronarse, y los ríos, al crecer, se desbordan, salen de sus lechos y las aguas invaden la superficie de la tierra que, siendo impermeable, las retiene formando bañados, y lagunas.
Las materias orgánicas arrastradas por los ríos en sus recorridos, quedan depositadas allí donde las aguas se han detenido, fertilizando las tierras, lo que se traduce en exuberante vegetación, característica de esa zona.
Los ríos principales: el Pilcomayo, el Bermejo (con su afluente el Teuco), el Araguay, el Salado, el Guaycurú, que corren de. noroeste a sudeste, desaguan en el Paraguay o en el Paraná.

Esta leyenda fue extraída de la Biblioteca "Petaquita de Leyendas", de Azucena Carranza y Leonor M. Lorda
Tomo XIX: URPILA (Torcaz)

Vocabulario
NICHAJ: Jabalí.
QUIRIOC: Tigre.
NORERÁ: Zorro
DIORNÉ: Venado.
YUCHAN: Palo borracho.
LERMÁ: Vizcacha.
GUACANIC: Estrella.
TAGA: Aloja.
SALARNEK: Cacique.
CHIGUISI: Nutria.
KOIPAC: Palo.
YUIOMA: Laguna del pescado.
NOLAJUIJK: Indígenas.
NILLAC: Peces.
TOIGUIT: Armado (pez).
HUESERA: Pacú (pez).
CHALMEE: Surubí (pez).
NUHAC: Sábalo (pez).
SASINEC: Dorado (pez).
GUAYAIBÍ: Nombre de un árbol.
GUAVIYÚ: Nombre de un árbol.
DAICÓ: Arrayán.
IBIRÁ JUS: Nombre de un árbol.
PINDÓ: Palmera.
NECTRANK: Agua.
CAINARAN: Pesca.
TUYETÉ: Río.
PIN PIN: Tambor fabricado con un tronco de palo borracho cortado transversalmente en dos y cubierto con un cuero de vizcacha.
YAGUA-RATAY: Árbol que anuncia lluvia cuando florece.
MBURUCUYA: Pasionaria (enredadera).
GÜEMBÉ: Planta parásita, salvaje.
CHACA: Pulsera hecha con vegetales.

056. anonimo (toba)


El orgulloso yerno

El pájaro carpintero era un hermoso y orgulloso joven y las mujeres se lo disputaban. La hija de un hombre llamado Siete Estrellas compartía todas las tardes con él y finalmente se convirtió en su novia. Tiempo después, decidieron casarse, pero él insistió en avisar al padre de su prometida antes de proceder. La joven viajó a la constelación cubierta de hielo, su hogar, para anunciarle aquella decisión. Siete Estrellas la escuchó y le pidió garantías del amor y el cuidado que le brindaría el pájaro carpintero. Además, le exigió que, para bienestar de la pareja, se respetara su figura como suegro.
Entonces se casaron. Pero el orgullo del carpintero lo llevó a desafiar a su suegro: se elevó hacia su constelación y retó sin reparos a Siete Estrellas. Cansado de tanta ofensa, el suegro se enfureció y lo persiguió desde las estrellas hasta el fondo del mar, atrapó al joven y lo mantuvo cautivo aprisionándolo con un pez raya en la espalda. Su hija le rogó por la liberación de su amado y le aseguró que cuidaría sus actos. Siete Estrellas aceptó y le quitó al pez raya, y así dejó al descubierto el lomo dañado del ave.
Los pájaros carpinteros llevan, desde ese entonces, el lomo blanco como símbolo de condena.

056. anonimo (toba)


El hambre del hombre

Otra jornada amaneció con un temporal de lluvia que se prolongó por varios días y provocó la escasez de alimentos. La oscuridad no les permitía a los tobas conseguir comida. Les comenzaron a crecer dientes muy filosos, como los de palometa. [1] El hambre se hizo insoportable y las parejas atacaron a sus hijos y se los comieron. Entre los adultos siguió la desconfianza y entonces nadie se animaba a dormir. Pero cuando uno caía vencido por el cansancio, los demás lo consumían rápidamente gracias a sus filosos dientes.
Un día, una vieja mujer se puso a moler. Para eso empleó un mortero y, de esa manera, anticipó la llegada de la época de las frutas. Salieron los rayos del sol y todo aclaró. Flacos y pálidos, los hombres y las mujeres se encaminaron para conseguir comida. Probaron las chauchas maduras, pero la carne humana que habían comido anteriormente les provocó náuseas. Se separaron en campamentos y retornaron a la forma de vida anterior.
Finalmente, se reprodujeron y tuvieron paz.

056. anonimo (toba)




[1] Pez comestible.

El amor y el aroma de cosakait

Los tobas denominan cosakait al árbol conocido con el nombre vulgar de palo santo.
Una de las leyendas más antiguas que lo menciona se refiere a épocas remotas; cuando de la pequeña minoría que constituían los seres humanos surgió el más hermoso y virtuoso de los jóvenes: Cosakait.
Apuesto y ejemplar, estas virtudes no le alcanzaron para enamorar a la joven doncella que tanto amaba. Su tristeza y desventura lo condujeron por el sendero de la enfermedad, de la que nunca regresó.
Aquellos que presenciaron sus últimos momentos en el lecho de muerte aseguraron que no dejó de pedir por su amada: ella nunca se presentó. Sus póstumas palabras sostenían que no deseaba morir pero que su dios Yago así lo quería. Se comprometió a estar por siempre con ella: adornando su cabellera con fragantes flores, ahuyentando insectos de su lado y perfumando el agua. Confirmó también su participación en la ceremonia del nareg, dirigiéndose al cielo en el aromatizado humo de su ruego. Finalmente, tomó la responsabilidad de permanecer cerca y brindarle todo lo necesario. Tanta temperatura, tanta fiebre, terminó por consumir los suspiros finales...
La tierra que lo sepultó engendró el árbol cosakait, apreciado por sus aromáticas flores y perfumada madera. Apenado por su dolor, su dios le dio vida eterna en la forma de aquel árbol que luego se expandió por toda la selva, cumpliendo con las promesas del virtuoso joven enamorado.
Los tobas consideraron al palo santo como un árbol venerable por su nobleza y le concedieron el honor de llamarlo cosakait.

056. anonimo (toba)


El amor de padre

El hombre viejo avisó a sus dos hijas que le quedaban pocos días de vida. Les solicitó ser enterrado con los hombros y la cabeza hiera de la tierra. Les recordó que ellas deberían hacer el rito del duelo. Asimismo, las previno de la llegada de un hombre. Cuando estuvieran alejándose del lugar y lamentán-dose con cantos, ese hombre, muy parecido a él, se acercaría y les pediría hacerles el amor…
Una vez fallecido, ellas procedieron a enterrarlo como lo había pedido. Al alejarse, el padre saltó fuera de la fosa, olfateó sus huellas y alcanzándolas, les dijo que era el hombre del cual había hablado y las abrazó. Una logró escapar, pero como el difunto le había hecho el amor a la otra, ambas se convirtieron en guanaco por haber transgredido la prohibición.


056. anonimo (toba)